Cuenta Ro:
Me desperté a la mañana siguiente sin ganas de levantarme de la cama. No podía sacar ni un segundo de mi cabeza que a la mañana siguiente iba a estar partiendo para el aeropuerto. Simplemente, el tiempo vuela. Como podía ser que sentía que era recien ayer, cuando estabamos llegando a los parques de Disney, o peor, bajándonos del avión con todo el viaje por delante. Si bien extrañaba mucho a mi familia, no quería irme. Y quien quisiera hacerlo? Lo estaba pasando de lo mejor. Mejor de lo que mi imaginación alguna vez fuera capaz de sospechar. Me levanté de la cama con mucho desgano. Saqué la valija de abajo de la cama y me dispuse a rellenarla con las cosas que se encontraban fuera. Por suerte, gracias a la última improvista mudanza, la tenía casi armada. Quedaban, por supuesto, algunas cosas fuera y a su vez tenía que armar la mochila que iba llevar en el avión, con todos los documentos y demás. Realmente no estaba apurada por terminar, todo lo contrario, alargaba aquel momento como si eso hiciera que el momento de irme estuviera más lejos también. Muy a mi pesar, terminé de armar la valija antes del mediodía. Almorcé con Denisse, mientras que charlábamos de cosas sin importancia. A la tarde, ella se fue con Frankie y quedé sola en aquella gran casa. Subí las escaleras, y la curiosidad, una vez más, pudo más. Entré en el cuarto de Joe. Ya había estado ahí antes, pero no importaba. Necesitaba estar entre sus cosas. Aunque hacía muy poco tiempo que había estado con él, ya lo extrañaba. Me senté en su cama y observé con gran atención todo a mi alrededor. Una imagen llamó fuertemente mi atención. Miré con detenimiento su mesita de luz, y noté un foto. Una foto nuestra? Recordaba con detalle aquel día. Había sido en el barco, nuestra primer “CITA”. No pude evitar sonreir. Me quede en su cuarto un largo rato. Sin tocar ni perturbar su intimidad, simplemente llenándome de su ambiante, de su aroma. Pasado un tiempo, miré mi reloj y noté que faltaba una hora y un poco más para que me pasaran a buscar y no estaba ni bañada. Salí corriendo de aquel cuarto y entre en el que me correspondía a mí. Tomé mis cosas y empecé a arreglarme.
Cuenta Nati:
Terminamos de comer con Mike y nos quedamos charlando un rato más en la cocina. No tenía demaciado tiempo libre, después de todo, si había decidido ir a nuestra despedida, tenía que estar lo mejor posible. Estéticamente hablando, claro está, ya que sentimentalmente no se podía ni discutir. Subí al cuarto de Mike e hice todos los trámites posibles mediante internet para no perder tiempo en el aeropuerto. Mientras lo hacía, seguíamos charlando con Mike.
Mike: Y no pueden cambiar los pasajes y se quedan aunque sea una semana más?
Me dí vuelta en al silla con rueditas en la cual estaba sentada y lo miré con una mirada severa a Mike.
Nati: No Mike. Mi mamá allá esta contando los minutos para que vuelva. Si le digo que me quedo una semana más creo que muere.
Mike: Pero…
Dijo buscando alguna otra excusa.
Nati(interrumpiendo): Pero nada. No podemos. Pero vos podes venir algun día a Buenos Aires.
Mike: Si, no sé.
Dijo al momento que bajaba la vista. Luego de terminar con todo lo que tenía que hacer allí y aprovechar el tiempo para mandarle un mail a mi familia informándoles la hora de nuestra llegada me decidí a empezar a arreglarme. Tenía una hora y media para hacerlo y no sabía si me iba a alcanzar el tiempo.
Nati (abriendo la puerta): Bueno Mike, me voy a empezar a bañar y todo.
Mike: Esta bien.
Nati: Vos salís?
Mike: Seguramente arreglo algo con Chad y con los chicos. Acordate que me debes una salida con él.
Nati: Me tengo que ir a bañar…
Mike: No entiendo porque te cae mal.
No respondí a su pregunta. Simplemente cerré la puerta e hice de cuenta que no lo había escuchado. Entré en mi habiación y recordé que no había terminado de ordenar las cosas. No importaba, lo terminaba de hacer cuando volviera de la salida. Tomé mis cosas y me dirigí al baño. En un tiempo record de veinte minutos, terminé de bañarme y ya me encontraba nuevamente en el cuarto eligiendo la ropa que iba a ponerme. No tenía que ser algo muy formal, pero tenía que estar bien vestida. Me terminé decidiendo por unos chupines violetas y una remera negra con algunos detalles en strass. No me había dado cuenta, pero estaba muy entusiasmada con todo esto de volver a verlo. Quería que me viera, más linda que nunca, y que se diera cuenta que ya no exitía la palabra Nick Jonas en mi vocabulario. Me maquille sutilmente combinándolo con mi atuendo. Apenas unos diez minutos antes de la hora prevista para nuestra salida, ya estaba todo listo. Tomé mi cartera y baje las escaleras lo más rápido posible. Entré en la cocina y me serví un vaso con agua, sin dejar de mirar el televisor que mostraba la entrada de la casa. Contaba los minutos, literalmente, para que llegaran. Mi garganta estaba reseca y un dolor en mi estómago denotaba la gran anciedad que tenía. Finalmente, justo en el momento que había quitado la vista del pequeó televisor, el timbre sonó. No pude evitar dar un pequeño saltito y salir corriendo hacía la puerta.
Nati: ME VOY MIKE!
Grité al momento que pasaba por el frente de la escalera.
Mike: SUERTE!
Se escucho desde el cuarto de mi primo. Suerte, iba a necesitarla. Antes de abrir la puerta, me paré frente a ella y tomé aire. Me mire en el espejo y arregle algun que otro pelito que se había salido de su lugar como consecuencia de la pequeña corrida. Ya estaba todo listo. Abrí la puerta y la ví a Ro parada allí, hermosa como siempre. Sin decir nada, la abracé con fuerza.
Nati: Cómo estás?
Ro: Bien. Y vos? Nerviosa?
Nati: Para nada.
Dije irónicamente al momento que ambas reíamos sonoramente. Miré con atención el auto, aunque, debido a los vidrios polarizado, no pude divisar quienes se encontraban dentro. Por lo visto, no habían venido con los guardaespaldas, eramos solo nosotros cinco. Con un paso decidido me dirigí a una de las puertas traceras y la abrí con seguridad.
Nati (para mis adentros): “Ya estas acá Nati. I’s showtime”

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