lunes, 23 de febrero de 2009

Capítulo 119

Cuenta Nati:

Lo miraba sin mirarlo realmente. Sabía que si me dejaba absorver por esos pequeños ojos marrones, iba a terminar cediendo. Dios, que alguien por favor me explique de donde saqué tanta fuerza para descargarme porque ni yo lo sé. Sabía que me iba a arrepentir tarde o temprano de lo que le había dicho, pero no importaba en ese momento. Tenía que dejar las cosas bien claras. Estaba cansada que me pase por ensima a su antojo. Nuestra relación (cualquier tipo de relación que compartieramos) estaba totalmente terminada y no había vuelta atrás. Como pude salí de alquel lugar y me dirigí lo más rápido posible a la mesa. Cuando llegué, los tres pares de ojos de mis amigos se clavaron en mí.

Joe: Y Nick?

Me detuvé en seco y pensé un segundo mi respuesta.

Nati: Qué con él?

Mis expresiónes y mi forma de hablar denotaba que estaba a la defensiva. No me importaba aparentar más, ya todos los que se encontraban allí sabían muy bien mis sentimientos y no me importaba ocultarlos.

Kevin: Te fue a buscar, no lo viste?

Pregunto siguiéndome el juego. Sabía muy bien que él no creía ni una sola palabra de lo que yo decía.

Nati: A buscarme a mí? No lo ví.

Intenté sonar lo más sincera posible, aunque sabía que ni Kevin ni Ro me creían una palabra. Joe, por su parte, era el más despistado del grupo y no le dio importancia a mis palabras.

Joe: Bueno, si seguimos esperando no vamos a jugar más. Empecemos.

El mayor de los hermanos tomó una bola de bowling color negra bien brillante e hizo un strike. Seguido de esto se acercó a mí y, como su compañera de equipo, me abrazó en signo de festejo. No pude evitar la falta de entusiasmo y él notó que algo no andaba bien, aunque no dijo nada. Antes de que Joe se parara para hacer lo suyo, su celular lo interrumpió. Un tanto extrañado, buscó el pequeño aparatito y lo abrió con cuidado. Seguido de esto, leyó el mensaje en voz alta para que todos podamos saber el contenido.

Joe: “No me siento bien, me fui a casa. No te enojés, hablamos después

Kevin: Quién era?

Dijo materializando la pregunta que invadía la cabeza de todos.

Joe: Nick.

Ro: Le habrá pasado algo?

Dijo Ro clavándome la mirada y sin sacarla de mí ni por un instante. Por lo visto, era todo más obvio de lo que suponía.

Nati: Me parece que va a haber que terminar este juego rápido y volver cada uno a su casa.

Joe: Sí, creo que va a ser lo mejor.

El resto del juego transcurrió con mucha menos alegría que el primero, pero al fin y al cabo me ayudó a despejarme por algunos instantes. Cerca de media hora después del mensaje de Nick, ya estabamos todos de vuelta en el auto. Esta vez, Joe y yo habíamos intercambiado lugares. Yo me encontraba como co-piloto de Kevin, y él muy cómodo atrás, sentado con Ro. Por mi parte, había acomodado mi cabeza sobre mi mano derecha y no quite ni por un segundo mi mirada de la ventana. En especial, no quería mirarlo a Kevin. No quería tener que darle explicaciones sobre Nick, ya me bastaba con no poder quitar la situación de mi cabeza, no quería sumarle el hecho de tener que hablar del tema. En menos tiempo del pensado llegamos a la casa de mi tía. Antes de poder empezar a despedirme de Kevin, él me interrumpió.

Kevin: Te acompaño hasta la puerta.

Dijo al momento que detenía el auto totalmente. Sin decir más nada, di vuelta el torso y miré la tierna imagen detrás de mí. Joe, abrazaba dulcemente a Ro, quien yacía totalmente dormida sobre sus brazos. Antes de que pudiera interrumpirlos, Joe acomodo su dedo índice sobre sus labios en signo de que haga silencio. Yo simplemente le tiré un beso volador y me dispuse a bajar del auto. Al hacerlo, me encontré frente a frente con Kevin. Lo único que pedía era que no me preguntara nada sobre Nick. Decidí no quedarme parada mucho tiempo, eso hacía que la ocación fuera más propensa a las preguntas. Simplemente seguí mi camino hacia la puerta. Busqué las llaves de la puerta, pero antes de encontrarlas, Kevin rompió el silencio.

Kevin: Yo no te creo eso de que no lo viste a Nick.

Nati: Ahora no Kev, por favor. Estoy cansada, me quiero ir a acostar…

Kevin: Podés no contarme las cosas, pero no te podés seguir escapando de tus problemas.

Él se dio mediavuelta y empezó su camino de regreso al auto. Todo iba a salirme mal esa noche? Cuando caí en la cuenta que realmente se estaba yendo, corrí y lo detuve a la mitad del camino.

Nati: Esperá. No te vas a despedir?

Pregunté un tanto afligida. De verdad en este momento lo necesitaba más que nunca.

Kevin: Chau.

Nati (deteniéndolo antes de que se diera vuelta): No seas así, te necesito conmigo ahora. Las cosas vuelven a estar mal y no sé que hacer.

Kevin: Si me contaras podría ayudarte.

Nati: Ahora? En el medio de la noche?

Kevin: Bueno, esta bien. Mañana sin falta, está bien?

Sonreí ampliamante y lo abrecé con efusividad.

Nati: Gracias Kev. De verdad no sé que haría sin vos.

Él no respondió, simplemente me miro con una sonrisa en el rostro. Se despidió y entró en el auto al momento que yo abría la puerta de la casa.

Cuenta Ro:

No sabía muy bien en que momento, pero el movimiento del auto y la comodidad que me proporcionaba estar abrazada a Joe, me jugó en contra e hizo que me quedara dormida al instante. En un abrir y cerrar de ojos, literalmente hablando, ya había llegado a la casa. Joe me sacudió levemente y me informó que habíamos llegado. Nos bajamos del auto, y mediante la puerta del garage entramos a la casa. Estaba todo en silencio y oscuridad, como era de esperarse. Los tres subimos sigilosamente y con sumo cuidado para no hacer ningun ruido que perturbara aquella tranquilidad. Al llegar al pasillo que conectaba todas las habitaciones, Kevin fue el primero en hablar.

Kevin: Bueno chicos, me encantaría quedarme con ustedes…

Sin dejarlo terminar, Joe lo fusiló con la mirada. Por mi parte, no pude más que reir.

Kevin: Bueno! No los molesto más. Igualmente quería irme a dormir. Hasta mañana.

Ro: Chau, Kev.

Sin dejar de sonreir, seguí con la vista a Kevin hasta que desapareció tras la puerta de su cuarto. De repente, sentí una de las cálidas manos de Joe sobre mi rostro, obligándome a mirarlo a los ojos. Hasta ese momento, no me había dado cuenta la preocupación que los invadía. La sonrisa se me borró al instante. Iba a esperar unos segundos a que él empezara por sí solo, si no lo hacía, iba a empezar el interrogatorio. Qué estaba pasando? De qué me había perdido?

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