viernes, 27 de febrero de 2009

Capítulo 165

Cuenta Ro:

Todos teníamos el corazón en la garganta. Nadie emitio un sonido esperando a que el médico empezara su discurso. A que empezara a sacarnos de esa duda que nos carcomía por dentro. Denisse se había acobijado bajo los brazos de su marido y estaba al borde las lágrimas.

Dr. Mendiburu: Bueno, hace tan solo unos minutos su hijo tuvo un ataque y esta en un estado muy crítico. No sabemos muy bien como puede evolucionar todo esto.

Dijo él al momento que Denisse enterraba su rostro en el pecho de Kevin padre y lloraba un mar de lágrimas.

Kevin padre: ¿Cuándo creer que puede viajar? Lo estuvimos pensando y nos gustaría que estuviera en un hospital en Estados Unidos.

Noté como Nati no le quitaba los ojos de ensima. Miré a Joe y se lo veía igual o más desconcertado que todos nosotros.

Kevin padre (siguiendo): Lo pensamos seriamente y lo queremos transladar lo antes posible.

Dr. Mendiburu: Lo mejor sería que pasé todo y podría tardar varias semanas. Yo creo que…

Kevin padre (interrumpiéndolo): Me importa muy poco lo que usted crea. Lo único que quiero saber es cuando será posible llevarlo.

Nunca lo había visto al papá de los chicos de esa manera, y por lo que notaba en sus caras, Joe y Kevin tampoco.

Dr. Mendiburu: Peligro va a haber siempre al realizar un viaje tan largo… pero cuando pasé esta crisis y en un vuelo especial, se podrá hacer.

Sin decir más nada al papá de los chicos, le miró a Nati con una mirada severa.

Dr. Mendiburu: Lamento mucho que hallas tenido que presenciar eso. Te recomiendo que vallas a tu casa y descanses un poco. Habrá sido un día muy largo para vos. Con su permiso.

Dijo al momento que se iba resfunfuñando. No sabía porque Kevin padre había reaccionado así. Todos nos miramos sin decir nada.

Kevin padre: Vamos Denisse. Vamos a tomar un poco de aire fresco.

Dijo al momento que se llevaba a Frankie con ellos.

Joe: ¿Qué le pasa a papá?

Kevin: No sé, esta muy alterado. La situación lo esta pasando por ensima.

Ro: No creo que lo mejor sea llevárselo en este momento.

Joe: Cuando se le pone algo en la cabeza no hay quien se lo pueda sacar. No digo que aca la salud sea mala, pero él cree que lo mejor es llevarlo.

Ro: Tiene mucho miedo. Esta totalmente bloqueado.

Nati: Y no lo culpo.

Dijo ella, después de mucho tiempo de guardar silencio. Las palabras se trababan al salir de su boca a causa del llanto que todavía no había cesado. Nadie dijo nada, ya que notamos que que había hecho una pausa, pero pretendía seguir hablando.

Cuenta Nati:

Volví a aferrarme a Kevin con fuerza. Tenía tantos sentimientos desagradables mezclados dentros que no sabía ni que decir. Tenía ganas de desaparecer, de dejar de sufrir tanto.

Nati: Ustedes no estuvieron ahí. No vieron lo que yo. No saben… no tienen ni idea… lo horrible… lo tenía ahí… no podía hacer nada…

Kevin: Shhh… calma.

Dijo él haciendo que quisiera abrazarlo aún más.

Joe: Exactamente. No podías hacer nada. No te mortifiques. Vos no tenés la culpa de nada.

Ro: Y ya escuchaste al doctor. Tenés que descansar. Así que ya llamé a tu mamá y está viniendo para acá.

Nati: NO, NO ME VOY A IR. ME PIENSO QUEDAR HASTA QUE…

Kevin: Hasta que nada. Te vas a tu casa, y descansás.

No tenía fuerzas de quejarme. Simplemente sollocé en silencio. Cerraba los ojos y no podía evitar visualizar en mi mente todo lo que había vido hacía algunos minutos. Sentía que había trancurrido una eternidad, aunque solo había sido unos minutos, hasta que mi celular comenzó a sonar. Intenté que no trancurriera demaciado la cancion que tenía como ringtone, ya que sabía no iba a soportar escuchar su voz.

Nati: Hola má.

Mamá: ¿En qué piso estás?

Nati: Esperame que ahora bajo.

Dije y corté al instante. Me separé de Kevin y me dispusé a saludarlos. Hice unos pasos y me detuve delante de Joe. Sin pensarlo demaciado lo abracé fuertemente y le susurré al oido.

Nati: Perdón por querer traer soluciones y darles más problemas.

Joe: Nati, vos no tenés la culpa de nada. En serio.

Dijo él, y por primera vez me dio un beso en la mejilla. Quicé sonreir en respuesta, pero no pude siquiera torcer un poco mi semblante. Sin embargo, sabía que él me entendía. Me corrí a un costado, y de pronto tuve el rostro de mi amiga enfrente.

Nati: ¿Venís conmigo?

Ro: No, no te preocupes. Ya hablé con mi mamá y me quedo acá en el hospital. Te guardé en la cartera unas pastillas que me dio la enfermera. Tu mamá sabe como usarlas, ya estuve hablando con ella.

Asentí con la cabeza, aunque no entendía muy bien de que me hablaba. Estaba demaciado aturdida como para entender sus explicaciones. Me di vuelta y Kevin, quien la última vez que había visto estaba sentado, se encontraba parado esperandome.

Kevin: Vamos que te acompaño hasta abajo.

Nati: No hace falta…

Dije y empecé a caminar. Al momento que hice dos pasos, sentí que me desvanecía. Apollé las palmas de mis manos en la frente y pude sentir como me mareaba.

Kevin: Sí, sí la hace. Vamos.

Dijo al momento que sentía su brazo en mi cintura. Caminamos en silencio por los largos pasillos de aquel gran hospital. Ninguno de los dos dijo una sola palabra hasta llegar al ascensor.

Nati: Perdón. Perdón por traerte más problemas a los que ya tenés. No quise… te lo juro… hago todo tan mal. Por momentos creo que lo mejor sería no volver a meterme en tu familia nunca más.

Él se quedó atónito por mi comentario.

Kevin: Nunca más vuelvas a decir eso. Como vos me decías hacía unas horas, no tenes la culpa de nada. Y basta de decir esas cosas. Vos no vas a hacer la que diga si le haces bien o mal a nuestras vidas, y por ahora, nadie quiere que te vallas.

Sabía que lo decía por obligación, y mientras más pasaba el tiempo, más me daba cuenta que causaba más problemas que soluciones y que todo eso tenía que parar. Ambos nos detuvimos fuera del ascensor y nos despedimos con un fuerte abrazo.

Kevin: Quedate tranquila en tu casa. Cualquier novedad te llamo.

Nati: Gracias. Y perdón de nuevo.

Kevin: No importa. Te quiero, Nati.

No dije nada. Me costaba decirselo. Sabía que lo sentía, porque lo apreciaba muchísimo, pero tenía mucho miedo a que mis palabras pudieran ser malinterpretadas. Me di media vuelta y me dirigí a donde mi mamá se encontraba. Por suerte, mi mamá no hizo demaciadas preguntas, algo muy raro en ella. El silencio que caracterizó nuestro camino de regreso, lo aproveché para pensar seriamente que pensaba hacer mi vida con respecto a la familia Jonas. No sabía si era actuar muy impulsiva o simplemente que estaba pensando con los pies, pero la única solución que encontraba era intentar desaparecer de sus vidas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario