lunes, 23 de febrero de 2009

Capítulo 95

Cuenta Ro:

Miré atentamente lo que se encontraba a mi derecha. Realmente este chico tenía que estar bromeando. Allí, sobre el agua a unos metros de la orilla, se levantaba imponente uno de los barcos mas lujos que había visto jamás. Digno de una película de Hollywood, el Queen Elizabeth III tenía una majestuosa bellaza imposible de creer. Casi al instante, volví a posar mi mirada en los ojos de Joe y una sonrisa apareció en mi rostro.

Ro: Dale, en serio. A dónde vamos?

Simplemente me negaba a pensar que todo aquello podría ser real.

Joe: No seas tonta.

Dijo al momento que me tomaba del brazo y me hacía caminar a la par de su veloz paso. Pasamos un pequeño puente y un hombre vestido con un uniforme color azul nos recibió. Antes de que éste pudiera decir nada, Joe le dijo que teníamos reservaciones. Sin perder más el tiempo, nos invitó a pasar a ambos. Ya adentro de aquel salón otro hombre con el mismo uniforme que el de la entrada, nos dirigió a nuestra mesa. Cuando éste nos dejó a solas, fui capaz de prestar mayor atención al paisaje. La luz de la luna se reflejaba sobre el agua de mar y hacía de aquel un espectáculo único.

Joe: Te gusta?

Dijo mientras yo miraba su reflejo en la ventana. Volteé y clave mis ojos sobre los suyos.

Ro: No hacía falta… es demaciado…

Joe: No, no lo es…

Lentamente llevé mi mirada hacia nuestras manos que se encontraban juntas sobre la mesa. No dije más nada, simplemente lo mire a los ojos y disfrute un largo rato de su simple presencia. Algun tiempo después, el mozo llegó para tomar nuestro pedido. Dejé a aquello en las manos de mi acompañante, que eligió un plato frances que yo no pude ni pronunciar. Cuando llegó, debo admitir, pensé que iba a ser horrible, pero estaba realmente exquisito. Finalmente, terminamos de comer algunas horas después de haber llegado. Realmente la había pasado muy bien, pero no por el hecho de estar en aquel lugar tan hermoso, sino por encontrarme con la persona que más quería. Volví a clavar la vista en la ventana, aunque claramente en lo último en que estaba pensando era en el paisaje, sino en todo lo que me estaba pasando.

Joe (sacandome de mis pensamientos): Tenes ganas de salir?

Tarde algunos segunos en reaccionar. Finalmente, pregunta incrédula.

Ro: Salir?

Joe: Si. Ir a la cubierta.

Mis ojos se abrieron y brillaron de la ilusión. Es que nunca había estado en un barco antes. Él interpretó esta reacción como un sí y, tomándome de la mano, salimos. La noche era perfecta. Desde la luz de la luna hasta el ruido de las olas estrellandose contra la bahía. Todo era simple y hermosamente perfecto. Caminamos un poco por allí, hasta que finalmente llegamos hasta la barandilla de estribor. Me apollé sobre ella y preste una especial atención a todo lo que me rodeaba. Cuando menos lo esperaba, Joe paso su brazos por alrededor de mi cintura y las apolló sobre la barandilla. Me dí vuelta y noté que habíamos quedado a escasos centímetros de distancia.

Ro: Me encanta todo esto. Me siento Rose, de Titanic.

Dije entre risas.

Joe: Aunque nosotros no vamos a tener el mismo final no?

Ro: Vamos a llegar a viejos juntos.

No podía evitar reir al imaginarme los rasgos de Joe, con muchos años más. Me imaginé como serían nuestros hijos y (porque no?) nuestros nietos también.

Joe: Nunca vamos a separarnos…

Y antes de que puediera siquiera pensar en algo para responderle, apolló sus labios sobre los míos y me beso con frenesí. Nuevamente quedaba descolocada, totalmente fuera de mí. Todavía no lograba acostumbrarme a recibir aquellos besos. Sin embargo, recordé sin dificultad lo que había dicho. “No vamos a separarnos”. Ambos sabíamos que tarde o temprano ibamos a tener que hacerlo. Sólo nos quedaban algunos días en Californa. El miedo a perderlo hizo que me aferrara a él con fuerza, apollando mi cabeza sobre su pecho a tal punto que podía contar sus pulsaciones una a una.

Joe: Qué pasa?

Era claro, se había extrañado de aquella reacción. Cuando volví a hablar, no saque mi cabeza de su cómoda posición.

Ro: Hace ya unos días, que vengo pensando que cada vez falta menos para que vuelva a Buenos Aires. Y realmente no me quiero ir.

Fue entonces que Joe tomó mi rostro entre sus manos e hizo que lo mirara fijamente.

Joe: Lo sé. Yo también estuve pensando en eso. Estoy acostumbrado a estar lejos de la gente que quiero, y se que vamos a poder contra la distancia.

Ro: Vos lo estarás, pero yo no. No aguanto tenerte lejos algunas horas, imaginate días! Y con el solo hecho de pensar en meses…

Joe (interrumpiendo): Te prometo que no vamos a pasar meses sin vernos. Voy a hacer lo que sea para que no sea así.

Ro: Pero igual, me mata pensar en eso.

Joe: Y no pienses en eso entonces. Pensá que sí, tenemos poco tiempo, vamos a aprovecharlo al máximo.

Ebosó una gran sonrisa e hizo que todo se viera color de rosa. Tenía el don de hacerme olvidar de los problemas, de convencerme con solo un gesto y por momento me daba miedo que tenga semejante control sobre mi persona. Cuando sentimos que ya era hora de volver, Joe volvió a entrar y pagó en la parte del restaurant. Pasamos nuevamente por el puente y regresamos tierra firme. Joe le aviso a Aaron que volvíamos en taxi, y así lo hicimos.

Ro (en el taxi): No quiero que me malinterpretes Joe, de verdad amé la noche de hoy…

Joe (interrumpiendo): Pero…?

Ro (bajando la vista): Quiero que cuando estemos juntos, olvidarme que sos Joe Jonas y que tenes millones y que sos famoso y…

Joe (interumpiendo nuevamente): Y yo te entiendo perfectamente. Pero quería que fuera un día especial.

Ro: Lo sé y por eso es que te lo agradesco.

Dije y le dí un dulce beso.

No hay comentarios:

Publicar un comentario