Cuenta Nati:
Nunca la había visto así de enojada a Ro. Sin embargo, se notaba a la legua que la aterraba el hecho de que Joe pudiera fijarse en otra persona. Por momentos, en especial cuando estaba junto a él, el amor la llenaba de pies a cabeza y no se le pasaban esas ideas por la cabeza, pero cuando siertos episodios se hacían presentes, no podía evitar sentir inseguridad. Podía entenderla, pero creía que lo mejor era dejar el enojo de lado y aunque sea escuchar a Joe. Aquella noche tarde mucho en lograr conciliar el sueño, sabía que las ansias me estaban jugando una mala pasada. Lo único que pedía era que aquel sueño que sentiría la mañana próxima no se evidenciaran en unas notables ojeras. Finalmente, muy entrada la madrugada, logré caer en un intenso sueño, aunque no pude ni soñar hasta que mi mamá me levantó para ir al colegio. Seguí la rutina de todos los lunes por la mañana, aunque cuando me encerré en el baño intenté ocultar un poco las imperfecciones de mi rostro con un poco de maquillaje. No solía ponerme antes de ir al colegio, pero esta era una ocación especial y lo requería. Llegué a la institución y todas preguntaron por mi cambio de imagen, acostumbradas a verme sin pintura a la mañana.
Caro: ¿Y a qué se debe tanto arreglo?
Nati: ¿No puedo pintar de vez en cuando a la mañana?
Dije, intentando evitar el tema. Sin embargo, sabía que estaba en un callejón sin salida y tenía que contarles todo.
Romi: ¡Dale!
Ro no me apoyaba para nada, al contrario, con su mirada me presionaba a contar todo cuanto antes.
Nati: Bueno, me voy a ver con Nick hoy después del colegio.
Toda la hora de matemática fue hablar de aquel tema. Las puse a todas al tanto de todo lo que había pasado sin olvidar detalle alguno. Algunas estaban deacuerdo con que lo perdone, otras, me decía que si bien era Nick Jonas no tenía derecho de hacerme sufrir de aquella manera. Como si fuera la más grande ironía, en la vida real mis amigas se debatían lo que yo me debatía conmigo misma en mi interior. Realmente no sabía si lo que estaba haciendo era lo correcto, pero mi vida era todo ensayo y error. Sabía con seguridad, que si no intentaba, aunque sea una vez más, me arrepentiría el resto de mi vida por no haber intentado. Dicen que el que no arriesga no gana, y este era mi momento de arriesgar. El día escolar se me hizo eterno, más que de costumbre. Finalmente, luego de un arduo trabajo matutino, el timbre de salida sonó anunciando el final de las clases. “Cadena cumplida” pensé por dentro, sonriendo.
TODAS: ¡SUERTE!
Me desearon mis amigas, al momento que me alejaba de ellas para tomarme el autobús. No era muy fácil llegar sin auto al centro y tenía que tomar varios transportes públicos. No podía evitar mirar con emoción aquellas pareja de adolescentes que caminaban por la calle de la mano, soñando con yo alguna vez poder ser alguna de aquellas afortunadas chicas y Nick, mi hermoso acompañante. Luego de un largo camino lleno de personas estresadas y a puradas, llegué a mi destino. Esta vez, fue un poco más difícil entrar, dado que por lo visto Nick había olvidado avisar que yo iba a ir. Por suerte, el señor de seguridad se acordaba de mí. Según él, “los acompañantes de gente tan famosa no son fáciles de olvidar” y por evitar tener algun problema con ellos, me dejó entrar. Tenía mucha memoria fotográfica, y no me fue difícil encontrar el camino hacia el restaurant. Miré mi reloj y noté que estaba un poco retrasada, así que apuré el paso. Al llegar, miré por sobre todas las mesas, aunque no pude ver ninguna cabellara con rulos ni nada que me llamara la atención. Me parecía raro que Nick llegara tarde, aunque esperar algunos minutos no había matado a nadie. Me senté en una mesa lejos de la televisión, me molestaba le ruido de las malas noticias en los noticieros. No pasaban dos minutos sin que mirara mi reloj, esperando ansiosa su llegada. Poco a poco, los minutos se hicieron horas.
Mozo: ¿Seguro que no quiere pedir nada más?
Dijo, ya que me sabía que hacía mucho tiempo que había llegado y que iba por mi tercer botella de gaseosa.
Nati: No, estoy esperando a alguien.
Lentamente me fui decepcionando cada vez más. Una, dos, tres, cinco, diez llamadas. No contestó ninguna. Cuando llegué a la cuenta que no iba a llegar, pagué lo que había consumido y me levanté para irme. Mis ojos llenos de lágrimas, miraron por última vez el reloj, llegando a la conclusión que no había sido un pequeño retraso, que él no iba a llegar. Pagué todo lo que había consumido y me levante dispuesta a irme cuando mi celular comenzó a sonar.
???: They come and go but they don’t know that you are my beautiful…
“Se terminó” dije para mis adentros al momento que abría el aparatito para atender.

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