martes, 24 de febrero de 2009

Capítulo 160

Cuenta Ro:

Se me rompía el corazón de solo escucharlo. Sabía que estaba allí para ser su soporte, pero me sentía sumamente impotente al no saber que decirle. Odiaba no tener la palabra justa, pero es que simplemente para saber que decir, un tendría que haber pasado por aquella situación.

Ro: Mi amor, vamos a tomar algo. Algun café, algo. ¿Comiste?

Joe: No, no quiero irme. No comí nada, no quiero…

No podía ver como él dolor lo pasaba por ensima. No, no iba a permitirlo. Lo tomé del brazo y lo obligué a levantarse.

Ro: No, no, no. Nada de eso. Levantate y vamos a comer algo. Te va a hacer mal. Tenes que estar fuerte ahora, no débil.

Joe: Pero…

Ro: Pero nada. Vamos.

Dije al momento que interrumpía sus excusas y me ponía dura frente a él. Tenía muy claro que si no me imponía, no iba a prestarme atención. No fue una muy grata caminata que digamos. No era el mejor lugar para pasear, para despejarse. Por muchos lados que veíamos, gente llorando y triste, nada más desalentador. Intentaba hablarle de cualquier tema, que tenga la mente ocupada. Por momentos sentía que lo lograba, sin embargo, por otros, su rostro lo delataba y sabía con claridad que su cabeza comenzaba a carburar entorno a todas sus penas. Caminos por largos pasillos hasta que llegamos al piso inferior donde se encontraba la pequeña confitería del lugar. Me daba un poco de vergüenza tener que estar allí, donde la limpieza brillaba por su ausencia, donde todo era de “bajo nivel” comparado a lo que él estaba costumbrado. Mas allá de eso, no dijo nada, simplemente se sentó en una silla libre, enfrente mío, y miro la nada lleno de dolor. Sin pensarlo demaciado, acomodé mi mano en su mejilla y la acaricié suavemente. En menos de una milésima de segundo, y como un autoreflejo, Joe me miro intensamente a los ojos.

Ro: Tenés que ser fuerte. Ahora más que nunca.

Joe: ¿Cómo hago? Entedés que mi hermano se esta muriendo en una cama, allá arriba y yo… ¿De dónde saco las fuerzas para seguir?

De más esta decir, que cada una de sus palabras denotaban todo el dolor que por dentro el sentía. Las lágrimas caían de su rostro sin cesar. Todo lo que decía, cada palabra, tenía una sobredosis de dolor y no podía soportor verlo así, tan destruído.

Ro: De acá. De acá sacas las fuerzas para seguir. Yo siempre voy a estar. En los mejores y en los peores momentos. No tenés que dudar de eso.

Sus ojos, totalmente cristalizados se calvaron en mí el indicio de algo nuevo sevio en ellos. No sabía con exactitud que era, pero por un momento sentí que todo lo que decía estaba surtiendo sus frutos.

Joe: No quiero ni pensar que haría si no estuvieras acá, conmigo, ayudándome.

Ro: Es mi deber, ¿o no?

Dije intentando sonreir contagiosamente. Él simplemente torció un poco el semblate. Era suficiente para mí. Tomamos algunas gaseosas e intentamos despejar su mente. No era una conversación habitual, dado que la que intentaba hacer los chistes era yo, aunque por más de que lo intentaba con todas mis fuerzas no eran ni la mitad de buenos que los de él. Joe, no decía nada, simplemente sonreía amargamente. Al final de todo, logré mi cometido. Logré distraerlo, aunque sea por un ratito.

Cuenta Nati:

Poco a poco, las lágrimas iban cesando. Sin embargo, podía jugarme la vida que era porque se le estaban terminando, no porque el dolor desapareciera. Me partía por dentro verlo así. Tan quebrado, tan dolido. Ahora apreciaba muchísimo más todas las palabras de aliento que, en su momento él me había dado, entendiendo lo difícil que era estar en aquella situación. De no saber que decir, aquel sentimiento de impotencia y desesperación por hacerle bien al otro y ver tus intentos acabamos cuando por todos los medios no logras lo que esperas. Finalmente, una palabra que yo no esperaba salió de su boca.

Kevin: Gracias, Nati.

Apenas lo escuché sentía que lo decía por obligación, más que como un sentimiento sincero.

Nati (intentado ocultar mi sorpresa): ¿Gracias? Kev, soy malísima en esto de dar consejos. No sirvo para esto.

Kevin: No es lo que puedas llegar a decirme, con tu simple presencia, con que me escuches, me haces bien.

Nati: ¿Te das cuenta? Hasta cuando se supone que yo te tengo que estar consolando a vos, vos me haces sentir mejor a mí.

Aquello, por lo visto, no se lo esperaba Kevin y estalló en una pequeña risa. Sin decir más, y dejando la leve carcajada, me abrazó suavemente pero lleno de sentimiento.

Kevin: No sé que haría sin vos. Gracias de verdad.

Nati: No llego a hacer ni la mitad de todo lo que vos hiciste por mí.

Al momento que nos separábamos, Joe entró a la sala de espera. Fugazmente, creí que volvería con Chloe y mi rostro se tensó. Sin embargo, quien venía detrás de él no era nada menos que Ro. El vernos a los cuatro allí hizo que sintiera aún más la ausencia de Nick. ¿Por qué todo tenía que ser tan difícil? Pero, ¿era que nunca ibamos a lograr estar bien todos? Toda aquella tarde había querido descargar mis penas de alguna manera, aunque me había prometido no hacerlo. Ahora más que nunca tenía que ser fuerte, no podía dejarme vencer, no solo por mi bien sino por el de Kevin y Joe. Antes de que cualquiera de nosotros cuatro pudiera decir algo, una persona ajena a nuestro reducido grupo interrumpió el silencio.

???: Kevin, Joe.

Dijo un hombre de mediana edad al momento que entraba bruscamente por el umbral que conectaba la sala de espera con el resto del hospital.

No hay comentarios:

Publicar un comentario