viernes, 27 de febrero de 2009

Capítulo 169

Cuenta Ro:

No me gustaba para nada el tono que estaba usando Nati, pero decidí no preocuparme antes de tiempo. Por el contario, tenía un tema mucho más importante por el cual sonreir.

Kevin: ¡Hola Nati!

Escuché decir a Kevin al momento que Joe me tomaba por detrás y me hacía alejar de su hermano. En menos de lo pensado, di un giro brusco y quedé a centímetros de su rostro. Casi podía rosar su nariz, cuando empecé a reir descontroladamente.

Ro: ¡Ay, me asustaste!

Dije al momento que le pegaba suavemente en el hombro.

Joe: Te pasa por curiosa. Dejalo que hable tranquilo con Nati.

Dijo al momento que, sujetada a su cintura, nos alejabamos aún más de donde estaba Kevin.

Ro: Es que Nati tenía un todo voz medio raro… Me gusta tanto verte sonreir.

Pensé en voz alta cambiando totalmente de tema, al momento que ebosaba una enorme sonrisa. Él no dijo nada, simplemente siguió haciendo de las suyas. Entrelazó sus dedos en mi rulos, y se me quedó mirando unos segundos.

Ro: ¿Qué pasa?

Dije al momento que moría de curiosidad por saber que se pasaba por esa alocada cabeza suya.

Joe: Nada.

Sabía que por momentos tenía actitudes de mujer y que “nada” en su vocabulario era “todo”. Sin embargo, no me preocupé, sabía que no era nada malo.

Ro: Te dije que se iba a mejorar. Era cuestión de tiempo.

Joe: Gracias por no aflojar. Por estar siempre conmigo.

Ro: Es mi deber como nov… como tu chic… es mi deber.

Dije finalmente. Me había enredado con mis palabras y sentí como al instante un intenso calor subía a mis mejillas. No podía verme el rostro, pero sabía que estaba roja como un tomate. Sabía que ambos nos queríamos mucho y que pasabamos el mejor de los tiempos juntos, pero no sabía si debía presionarlo con el tema del noviazgo. Él en ningun momento cambio sus gestos, al contario, río con más intensidad. Por lo visto, se tomaba todo con gracias y no sentía forzado a nada.

Joe: No me importan los títulos. Lo que llamamos rosa exhalaría el mismo grato perfume con cualquier otra denominación.

Me había causado mucha gracias el tono de voz en que había citado a Shakespeare.

Ro: Sí, mi Romeo.

Dije sin poder soportar la risa, y cortando un poco aquel clima de seriedad que irónicamente se había formado. Amabada que, como arte de magia, todos sus dolores hubieras desaparecido. Nada me hacía más feliz que verlo haciendo chistes y lleno de vida otra vez. Deje de contener mis ganas de besarlo y me lansé completamente a sus brazos, aunque no había ya demaciada distancia que nos separara. Nos besamos apasionadamente por algunos minutos hasta que la simple presencia de una persona a nuestro lado nos interrumpió.

Kevin: Tomá Ro.

Dijo él muy cortante entregándome mi celular al momento que desaparecía de la sala. Con Joe nos quedamos estáticos en nuestro lugar sin movernos, simplemente mirándonos sin entender nada.

Ro: ¿Y a éste que le pasó?

Joe: No tengo idea.

Ro: Te dije que Nati tenía un tono de voz raro. ¿Y si vas a hablar con él?

Joe: Cuando tiene esa cara, mejor ni acercársele. Mejor me acerco a vos.

Dijo al momento que me volvía tomar por la cintura.

Joe: ¿En dónde nos habíamos quedado? Ahh, creo que ya sé.

Dijo al momento que una vez más me llenaba de todo su aroma y me llenaba de un incontenible e inexplicable escalofrío en todo el cuerpo. Aquella tarde ambos volvimos a sentir la felicidad después de largas horas de tener el corazón en la boca. No podía creer con que rápidez había pasado todo. Cuando caí en la cuenta que ya iban a volver, un amargo dolor hizo eco en mi estómago y se reflejó en mi rostro. No podía entender como ya estabamos en la puerta de mi casa y me estaba despidiendo.

Joe: Hace rato que tenés una cara…

Ro: ¿Y a vos que te parece? No quiero que te vallas.

Dije haciendo puchero. No quería estar lejos de él. Nunca aprovechabamos el tiempo al máximo. Siempre, por A o por B algo nos impedía disfrutar el tiempo juntos a pleno.

Joe: Lo sé. Pero ya tuvimos demaciados problemas. Ya ves, ahora tenemos que volver a Los Ángles. La gira por Latinoamérica se cancelo. No quiero ni pensar el infierno que nos espera cuando estemos allá.

Ro: Lo vas a saber sobrellevar. Después de todo lo que pasó, eso es lo de menos.

Joe: Lo sé. Dentro de todo, es lo que menos me importa.

Ro: Me vas a llamar, ¿no?

Dije, cruzandome de brazos, aún sin quitar la cara de “enojada”.

Joe: ¿Te cabe alguna duda?

Dijo seductor, y me lancé a sus brasos por enésima vez aquel día. Luego de un largo beso nos separamos. Claro estaba, no quería hacerlo. No estaba satisfecha. Nunca lo estaba. Siempre quería cinco segundos más. Uno aunque sea. Pero no era posible, era hora de despedirnos.

Joe: ¿Mañana te paso a buscar por el colegio? ¿Te parece que almorcemos juntos y dsps vamos al aeropuerto?

Ro: Me encanta la idea. Hablo con Nati y te aviso.

Joe: Bueno. Que duermas bien, mi amor.

Amaba que me dijera así.

Ro: Chau, Joe. Te amo.

Joe: Y yo a vos.

Lo abracé y bese tiernamente y entré en mi casa lo antes posible. Seguía, como siempre que me despedía de él, en un burbuja. Me sentía como caminando sobre nubes de algodón. Intenté aquella noche, descansar en cuerpo y alma, después del día aliviante que había tenido.

No hay comentarios:

Publicar un comentario