Cuenta Nati:
Esperé unos segundos, mientras del otro lado de la linea aquella persona desconocida para mí seguía hablando. No respondí. Simplemente corté el teléfono, completamente segura que me había equivocado de habitación.
Ro: ¿Qué pasó?
Nati: La recepcionista se debe haber equivocado de habitación. No me atendió ninguno de los chicos, ni Aaron.
Magui: ¿Quién te atendió?
Nati: No sé, una chica.
Romi: Tal vez los chicos salieron para que les limpiaran la habitación y te atendió la mucama.
Nati: No creo, me respondió en ingles el teléfono.
Caro: Por ahí era una asistente o algo.
Nati: Sí, puede ser. Igual voy a esperar a llamar a la tarde. No hay porque desesperarse.
En realidad sí había. No me gustaba para nada. Sin embargo, el resto del día intenté no pensar en ello. Debía haberse equivocado de habitación. Simplemente eso, una equivocación. En lugar de pensar en la mujer que me habia atendido, decidí pensar en los efectos buenos de mi decisión. Ya podía sentir volver a tenerlo entre mis brazos, sentir el calor de su cuerpo, el olor de su piel. Cuando tocó el timbre de fin de clases, como de costumbre, guardé todas mis cosas a gran velocidad y salí camino a mi casa. Todo el camino de regreo a mi casa fue pensar como iba a encarar el tema, cómo decirle todo. Pensé, que quizá eso era lo de menos, que él iba a estar tan feliz como yo ya lo estaba. Llegué a mi casa y no pude tocar un bocado del almuerzo. Simplemente tenía un nudo en el estómago y tenía que desanudarlo lo antes posible. Me encerré en mi cuarto y dude unos segundos si debía llamarlo en ese momento o esperar algunas horas más. Me di cuenta al instante, que me iba a ser imposible seguir soportando aquella espera, asi que decidí elegir la primer opción. Marqué lentamente cada uno de los numeros escritos en el papel que me había dado Ro para evitar equivocaciones. Finalmente, la voz de la misma recepsionista que me había atendido a la mañana, contestó el teléfono.
Recepcionista: Four Seasons Hotel, buenas tardes.
Nati: Buenas tardes. Quería comunicarme con la habitación 1240…1-2-4-0.
Repetí con claridad cada uno de los números para poder asegurarme de que no iba a haber errores esta vez. Por lo visto, aquella acotación no fue del agrado de la recepcionista, pero poco me importaba lo que pensara.
Recepcionista: Ya la comunico.
Eso fue lo último que escuché por parte de aquella mujer. Mientras esperaba ser atendida, comecé a ensayar que iba a decirle y cómo.
Nati (pensando en voz alta): Hola Nick… perdón que te llamé al hotel… quería hablar sobre lo que dejamos pendiente ayer…
Antes de poder seguir pensando en qué más decir, una persona atendió el teléfono. Era la misma voz femenina que había escuchado la primera vez. Mi corazón se detuvo al instante. “Debe ser una asistente”, pensé para mis adentros, haciendo que estoy me tranquilizara un poco.
Chica: ¿Hola?
Nati (luego de un pequeño suspiro): Hola, ¿está Nick?
Chica: En este momento no se encuentra. No creo que vuelva en toda la tarde. ¿Quién habla?
Nati: Una amiga, ¿quién habla ahí?
Ya no podía soportar la incertidumbre de no saber con quien estaba hablando.
Chica: Chloe, digamos que soy la novia de quien buscas.
¿QUÉ? Tenía que haber escuchado mal. No podía ser.
Nati: ¿La novia?
Me quede pasmada con esa respuesta. Me negaba a creerle.
Chloe: Sí, algo así. ¿Vos quién sos?
Entré en un estado de pánico y decidí no dar detalles de mí.
Nati: Bueno gracias. No le digas Nick que lo llamé. Vuelvo a llamar a la noche.
Chloe: Pero..
No pude escuchar más de lo que ella tenía para decirme, simplemente corté el teléfono. En menos de dos segundos, mis ojos se había llenado de lágrimas y no solo por el hecho de haber creado falsas esperanzas nuevamente, sino por el papel de idiota que siempre jugaba en esa historia. Me acosté en la cama, y lloré amargamente hasta descargar todo el dolor y bronca que sentía.
Cuenta Ro:
Llegué a casa cerca del mediodía a la hora de siempre. Almorcé tranquila y me dispuse a distraerme un poco haciendo la tarea que tenía para el día siguiente. Tal y como me lo imaginaba, los números y Joe Jonas no son compatibles y no pude lograr conseguir la concentración necesaria para terminar los ejercicios de matemática. Decidí dejarlos para más tarde y prendí la televisión. Él tema central en los distintos notieros era la llegada de los hermanos que estaban revolucionando el pop internacional y que hacían su primer visita a nuestro país. Me quedé mirando las distintas notas sobre el tema, cuando el teléfono de casa hizo que me sobresaltara.
Ro: ¿Hola?
Nati: Ro, soy Nati.
No hacía falta que lo aclarar pude reconocerla al instante que habló. Sin embargo, la notaba extraña, con la voz tomada. No me gustaba para nada aquel tono que utilizaba.
Ro: ¿Qué pasó amiga?
Conforme pasaban los minutos, percibía como las lagrimas empezaban a salir y el dolor evitaba que pronuciara las palabras con fluidez. Cuando termino su relato, simplemente me quedé sin palabras. Era todo tan extraño e increíble, que no podía siquiera pensar en un buen consejo que darle. Simplemente, no podía entender como podía ser tan vil y mentiroso. Lo que escuché a continución, estaba segura que iba a ocurrir en algun momento.
Nati: No voy a ir al recital.
Dijo ella, y sentí como el corazón se me iba a los pies. Por lo visto, en ningun momento ibamos a poder estar todos felices y contentos. Sin embargo, no podía juzgarla, yo en su lugar estaría igual o peor. Del solo hecho de pensar que Joe podía hacerme algo similar, se me ponía la piel de gallina.

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