Cuenta Ro
Dado que Joe no comenzaba, abría la boca para empezar a preguntar. Sin embargo, me interrumpió antes de que siquiera pudiera decir A.
Joe: No quiero que te vallas.
Ro: Si fuera por mí, me quedaría toda la vida. Pero…
Joe: Ya sé, tenés que volver. Te entiendo, yo convivo con las distancias a diario. Me acostumbre a dejar de ver a las personas que quiero. Pero igual, no sé que me pasa. No quiero tenerte lejos, no puedo. Te necesito aca.
La ternura que me provocaba aquella imagen era indescriptible. Él fue bajando la mirada, hasta clavarla en el piso. Era claro que no era una persona a la cual le fuera fácil decir sus sentimientos.
Ro: No me importa que nos sepere un centímetro o un millón de kilómetros. Yo te voy a seguir queriendo lo mismo. Y sé que si podemos con esto, después nada nos va a poder separar.
Sin decir más nada, levantó la mirada y clavó sus ojos en los míos. Recorrí cada porción de su rostro con precisión. Quería recordar cada detalle que pudiera. Desde lo más general hasta el más ínfimo detalle. Todo. Quería tenerlo siempre presente en mi mente. Sin emitir sonido, me tomó por la cintura y acercó su cuerpo al mío. Nuestros cuerpos hicieron contacto en un dulce y tierno beso. Odiaba ser yo la que rompiera con este cuento de hadas, pero ya se hacía tarde y era hora de dormir.
Ro: Creo que es hora de separarnos.
Joe: Lo sé. Hasta mañana, Ro. Dormí bien.
Ro (luego de un pequeño beso): Vos también. Chau, Joe.
Nos dimos otro pequeño beso y lo vi desaparecer tras la puerta de su cuarto. Entré al mío y cerré la puerta con mucho cuidado para no hacer ruido. Rápidamente me puse el pijama y terminé de dejar todo listo para el viaje. Acomodé los bolsos y me aseguré que no me olvidaba de nada. Finalmente, me acosté en la cama y cerré los ojos. Sin embargo, no podía dormirme. Di quinientas vueltas entre las sábanas pero no, el sueño no venía. Resignada a a poder siquiera descansar un poco , me levanté y me dirigí nuevamente a una de las valijas. Abrí el cierre con sumo cuidado y saqué de él una caja cuadrada de color rojo. La abrí y llegué a la conclusión que todavía tenía impregnado el olor a chocolate. Esa caja estaba repleta de los recuerdos que me llenaban de ÉL. Tomé en mis manos, una de las rosas, ya secas, que me había regalado. Tenía fotos, las entradas de los conciertos, todo, todo lo que me recordara a él estaba allí. Con mis manos recorrí cada una de las cosas que allí se encontraban. Sin poder dejar de sonreir, recordé cada momento junto a él. Releí una y otra vez las pequeñas dedicatorias que había acompañado a cada uno de los regalos. Luego de pasados algunos minutos, el ruido de la puerta abriéndose me sacó de mis pensamientos. A toda velocidad, guardé todo lo que había sacado y escondí la caja debajo de la cama. Justo a tiempo, vi la cabeza de Joe asomándose por la endija de la puerta.
Ro: Pasó algo Joe?
Joe: Es que no me puedo dormer. Escuché ruido y ví luz en tu cuarto y me imaginé que vos tampoco podías.
Parecía un poco apenado. Lo único que hice fue un gesto para que se sentara a mi lado. Él entró con una sonrisa gigante en el rostro.
Joe: Que hacías?
Ro: No sé, nada. (Mentí) No me podía dormir.
Noté que Joe no me prestaba demaciada anteción. Me dí cuenta, que quería decirme algo y busca la forma en silencio.
Ro: Qué pasa?
Joe: No querés que veamos alguna película en mi cuarto, algo para pasar el tiempo?
La verdad es que me encantaba estar con él, nada me gustaba más, pero igualmente era un poco desubicado entrar así en su cuarto.
Ro: Pero… tus papas… yo…
Joe (interrumpiendo): Están todos durmiendo. Además no te voy a hacer nada, sólo ver algo en la tele hasta que nos agarre un poco de sueño y después cada uno a su cuarto. Dale, decime que sí…
Insistía tanto que no pude negarme a esas expresiones de nene chiquito.
Ro: Bueno está bien, vamos.
Con una sonrisa que ocupaba todo su semblante, me tomó de la mano y me dirgió hacia su cuarto. Me daba un poco de vergüenza pensar que cualquiera podría entrar y nos vieran allí, aunque no estuviéramos haciendo nada. Entramos y Joe cerró la puerta tras nosotros. Antes de lo que hubiera pensando, nos encontrabamos acostados en su enorme cama mirando nada en especial en la tele. Aunque la cama era lo sufiecientemente espaciosa como para entráramos sin siquiera rozarnos, no podía estar separada de él. Me había acomodado delicadamente en su pecho mientras él jugaba con mis enrulados rizos. Estaba decidida a no dormir aquella noche, en no desperdiciar ni un segundo de estar a su lado. Al darse cuenta que no le quitaba la vista ni un segundo, Joe dejó de mirar la tele y clavó los ojos en mí.
Joe (sonriendo seductor): Tengo algo?
Ro: Es que si vamos a estar tanto tiempo separados, quiero aprovechar cada segundo. No me quiero olvidar ningun detalle de…
Sin terminar la frase, acaricié sus labios con la llema de mis dedos y él relajó el rostro. Cerró los ojos y volvió a sonreir, esta vez mucho más aliviado.
Joe: Yo tampoco quiero desperdiciar un solo segundo. Me parece que hoy no vamos a dormir.
Abrió los ojos de repente y no pude más que reir por lo bajo. Seguimos allí acostados, hablando de todo un poco. Recordando cada momento vivido juntos. De lo difícil que había sido llegar a esta etapa y de lo mucho que disfrutabamos de la compañía del otro. Pasadas algunas horas, mi cuerpo pedía a gritos un poco de descanso. Iba a dejar que mis ojos descansaran un poco y luego seguir con nuestra pequeña noche. Solo un poco
Joe: No te duermas.
Al decir ésto, noté que estaba más cerca de lo que se encontraba antes.
Ro: No lo haré. No quiero, no quiero alejarme.
Escondí mi rostro en su escultural pecho. Él guardó silencio mientras levantaba mi cabeza y apollaba con suavidad sus labios sobre los míos. Era lo único que pedía, estar junto a él, así, olvidándome quien era, olvidándome que al otro día me iba, olvidándome de todo. Simplemente él y yo.
Joe: Te quiero tanto…
Ro: Y yo a vos…
Mis ojos se cerraban solitos cuando el sol del amanecer entraba lentamente por la ventana y la pintaba de color anaranjado. Decidí volver a cerrarlos por unos segundos, descansar los parpados, cuando una voz me saco de mi relajación.

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