Cuenta Nati:
El miércoles llegó sin grandes novedades. Como era de esperarse, hablaba con Ro a diario. Poco a poco me iba reponiendo. Algunos días atrás hubiera creído imposible llegar al estado en el que estaba, aunque no fuera de los mejores. Últimamente tenía el sueño sumamente liviano y no podía evitar levantarme temprano. Cuando salí de mi cuarto y bajé a desayunar algo, llegué a la conclusión que me encontraba sóla en la casa. Por un lado, Mike no llegaría hasta la tarde y, según pude leer en una notita, mi tía había salido y volvía a la tarde también. Aproveche todo el tiempo que tenía, para bañarme y estar lista para cuando me llamara Kevin. El desgano probocaba en mí que tardara el doble de tiempo en hacer las cosas. Salí de la ducha y me dí el gusto de pasearme por la casa en bata. Por razones obvias, no lo había podido hacer desde que había salido de mi casa. Llegué a mi habitación y me dí cuenta que, si bien necesitaba salir, alejarme de las cuatro paredes de mi cuarto, no podía. No tenía fuerzas. Mi vida estaba llena de altibajos. No pretendía que Kevin se enojara conmigo, pero simplemente no tenía la firmeza necesaria para ser feliz. Por lo menos no en ese momento. Aún en bata y con una toalla cual turbante en la cabeza, me desplomé en la cama. No supé cuanto tiempo estuve en aquella posición, con la mente en blanco, hasta que un sonido persistente me sacó de mi estado. Era mi celular, para variar. Quien me llamaba, ya no era un número desconocido.
Nati: Hola Kev.
Kevin: Nati! Te llamaba porque acabo de terminar con las filmación. Y quería saber como ibamos a arreglar.
Kevin se escuchaba tan entusiasmado que no me gustaba ser yo quien le tuviera que pinchar el globo.
Nati: Mirá Kev, no quiero que te enojes…
Kevin: Pero…
Dijo interrumpiendo al momento que yo hacía una pausa para pensar bien lo que iba a decirle.
Nati: No tengo ganas de salir Kev. No me siento con ganas.
Kevin: Pero…
Nati (interrumpiendo): Ya sé que te lo había prometido. Pero no me siento bien.
Kevin: Entonces te vas a quedar ahí toda la tarde?
Nati: Sí. Voy a aprovechar que tengo hasta la tarde la casa para mí sola.
Realmente no me había dado cuenta cuánto necesitaba estar sola sin tener que fingir que nada había pasado. Pero en el fondo, era eso lo que me hacía bien? A estas alturas, no sabía que era lo que realmente necesitaba. Armar una muralla donde nadie pudiera lastimarme, o dejar que me ayudaran.
Kevin: Esta bien. No te hagas problemas. Nos vemos.
Me quedé pasmada. Kevin no había dejado de lado su espíritu entusiasta. Habría entendido bien? Acababa de pincharle una salida y estaba de lo más contento. O era un muy buen actor o no había entendido ni jota.
Nati: Chau Kev. Y perdón.
Kevin: No hay problema, Nati. En serio.
Habiendo dicho esto, corte la llamada y lancé el celular a la cama contigua. Me levanté de un salto y me comencé a vestir. No tenía muchas ganas de hacerlo, pero el frío me estaba ganando. Me puse unos joggins y una camperita adidas. Tomé algunos clips de la mesita de luz y corrí mi pelo para con el sencillo fin de que no me molestara. Sin que me diera cuenta, ya era la hora de comer aunque prefería no comer a tener que cocinarme. Fue entonces, cuando me debatía entre cocinar o no hacerlo, que el timbre de la puerta de entrada me sorprendió. Lo primero que se me vino a la cabeza fue que Mike o mi tía se había olvidado las llaves, aunque era muy temprano que su llegada. Me levanté de la cama con fastidio y bajé las escaleras lo más rápido que pude. Me acerqué a la puerta y miré por la mirilla.
Nati: Quién es?
Pregunté, aunque la imagen que veía en allí me decía muy claro quien se encontraba del otro lado.
???: Soy Kevin!
Nati: Qué haces acá Kevin?
Poco a poco iba subiendo el tono de voz, no solo por la puerta cerrada que nos separaba, sino por la sorpresa que su presencia había ocacionado.
Kevin: No me vas a abrir?
Sin decir más nada, y tras el ruido de las llaves destrabando el cerrojo de la puerta, me encontré con un Kevin lleno de alegría. Creo que el tenía vida por los dos. Una sonrisa inmensa se extendía por todo su rostro cual niño pequeño que acaba de hacer una travesura y está orgulloso de eso.
Nati: Pasá.
Dije cordialmente al momento que me corría de su paso y hacía una reverencia con el brazo. Cerré la puerta y lo invité apasar a la cocina. Él acomodó una bola de nylon que tenía en brazos sobre la mesa.
Nati: Tomá asiento. Ahora explicame que hacés acá porque yo pensé que nuestra salida se había cancelado.
Kevin: Vos me dijiste que no querías salir. Así que si Nati no va al restaurant, el restaurant va a Nati.
Dijo y señaló la bolsa que acababa de dejar. Parecía tan satisfecho de todo lo que había hecho que no pude evitar reir por lo bajo.
Kevin (bajando la vista): Bueno, si tanto te molesta que halla venido…
Nati: Para nada! Por favor, quedate. Que trajiste para comer?
Dije cambiando de tema. No sabía si realmente era lo que quería pero no quería decepcionarlo. La realidad era que Kevin hacía de todo para hacerme sentir bien y yo no hacía más que rechazarlo. Él no dejaba de mirarme con su sonrisa tan contagiosa y yo no hice más que devolverle el gesto. Me acerqué lentamente a donde el se encontraba sentado y le dí un pequeño abrazo.
Nati: Te juro que no sé que haría si no estuvieras para salverme todo el tiempo.
Él respondió a mi abrazo ejerciendo presión sobre mi espalda, aferrándose con fuerza. No hizo falta que él dijera más nada, no era necesario. Sus actos y sus gestos me hacían sentir querida, y era lo que más necesitaba en ese momento.

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