viernes, 27 de febrero de 2009

Capítulo 170

Cuenta Nati:

Aquella noche me fue difícil dormir nuevamente. A la mañana siguiente me costó levantarme, pero tenía que hacerlo. Quiera o no, no podía seguir faltando al colegio. Desayuné lo mínimo indispensable y salí a toda velocidad. Por lo visto, ni en los peores momentos perdía mi impuntualidad. Llegué al colegio y todas mis amigas ya se encontraban allí. Como era de esperarse, el principal tema de conversación eran ellos.

Caro: ¡Que bueno que se esta recuperando!

Dijo ella, con una sonrisa que combinaba perfecto con los rasgos de su cara.

Ro: Sí, fue un alivio para todos.

Llegué y me acomodé en el único lugar libre, al lado de Magui. Las saludé a todas con un beso en la mejilla y me senté en mi lugar. Ellas no dejaron de charlar sobre el tema. Yo simplemente crucé mis brazos sobre mi pupitre y escondí la cara en ellos.

Magui: ¿Te pasa algo?

Nati: No. Tengo sueño.

Dije cortante, al momento que ella tenía que hacer malabares para entender lo que decía.

Romi: Pero dale, contanos como es eso que te quedaste a dormir en el hotel con ellos.

Sin embargo, antes de que pudiera decir nada, la profesora entro y pidió silencio. Creo que por primera vez en mi vida, estaba contenta de que lo halla hecho. Aquella hora, que normalmente se me hacía super larga, pasó fugazmente y el timbre del recreo me sorprendió. Sin decir una sola palabra, me levanté de mi asiento y me dirigí al baño. No podía entender como estaba tan zombie. Me mojé un poco el rostro y me lo sequé con el pulóver, dado que no tenía nada con que hacerlo.

Ro: Te llamé anoche, pero ya te habías acostado.

Nati: Sí, me dijo mi mamá hoy la mañana.

Dije, sin dejar de mirar mi reflejo en el espejo, preguntandome quien era esa extraña con los ojos tan hinchados, tan cansandos, tan tristes.

Ro: Bueno, hoy los chicos se van. Joe me dijo que nos iban a pasar a buscar si queres venir a almorzar y los vamos a despedir.

Nati: Ya me despedí yo.

Esto la había descolocado un poco a Ro, por lo visto no se esperaba aquella contestación.

Ro: ¿Pasó algo?

Nati: Hablé con Kevin, supongo que él le dirá a Joe. No pienso volver a verlos.

Si antes ella estaba sorprendida, ahora estaba completamente anonadada.

Ro: ¿Me estás hablando en serio?

Nati: Tengo cara de estar haciendo un chiste.

Dije completamente seria, al momento que por primera vez la miraba a los ojos.

Ro: ¿Que pasó?

Ella amagó a acercase, pero yo corrí mi rostro. Miré nuevamente él la imagen que me mostraba el espejo, y me apollé sobre la mesada del baño.

Nati: No sé que me pasa. Si realmente lo supiera. Pero es que estoy tan confundida y siento que lo único que hago es lastimarlos cuando estoy cerca.

Ro: Pero, ¿no te parece que son lo suficientemente concientes de lo que quieren como para saber cuando alejarse?

Nati: No, la verdad no lo creo. Es cuestión de tiempo, cuando me olviden y yo a ellos (si es que me era posible, pensé por dentro) todo va a volver a ser como antes y…

Ro: Las cosas no van a volver a ser las mismas.

Nati: ¿Y que se supone que tengo que hacer? Estoy cansada de sentirme culpable de todo lo que pasa. Estoy cansada, demaciado. Y quizá no es lo mejor, la verdad no lo sé. Pero es lo único que puedo hacer. Y si me equivoco, quiero que sea MI error y no voy a hacer lo que a los demás les complasca.

Dije estallando en cólera, aunque en el fondo sabía que Ro no tenía la culpa de nada. Sin esperar su respuesta, salí del baño. Para colmo, allí dentro de aquel edificio volvía a sentir ese horrible sentimiento de paranoia, ahora incrementado. Antes, la noticia de que estabamos con los Jonas era simplemente un chisme en internet. Sin embargo, ahora se había difundido por todos los noticieros, a causa del grave accidente. Intenté no merodear demaciado por los pasillos e internarme en mi curso. Allí dentro, tanto Ro como yo actuamos como si nada ocurriera. De verdad, lo prefería de aquella manera. Luego de una horrible mañana, el timbre de fin de clases nos abrió las puertas para volver a nuestras casas. Guardé todo lo más rápido que me fue posible y salí. Era una de las primeras en hacerlo, quizá a causa de la ansiedad de encerrarme en mi cuarto y no volver a salir de esas cuatro paredes. No obstante, algo allí fuera me impidió seguir mi camino. Una camioneta. Una camioneta que conocía muy bien y que si bien no podía ver su interior como consecuencia de los vidrios polarizados, sabía a la perfección quienes se encontraban dentro. Fueron apenas unos segundos, que Ro salía del colegio y me hacía compañía allí fuera. La miré y ninguna de las dos dijo nada. Una duda del tamaño de Júpiter invadió mi cuerpo de pies a cabeza. Sabía que estaba a tiempo, sabía que podía arrepentirme. ¿Qué debía hacer?

No hay comentarios:

Publicar un comentario