viernes, 27 de febrero de 2009

Capítulo 163

Cuenta Nati:

Ro:¿Querés entrar?

Me preguntó mi amiga apenas unos minutos después de que vimos salir a Kevin. Lo pense unos segundos y tomé un fuerte respiro antes de contestar.

Nati: Sí.

Respondí, aunque no creía estar convencida de mi respuesta. No importa, tenía que ponerle el pecho a las balas. Ser fuerte. Apollé mi mano en la puerta blanca, la empuje y entré temerosa. La sala que antecedía aquel horrible lugar, era simplemente un pasillo todo de color blanco. Gire a mi derecha y entré a un especie de baño donde lave mis manos con un líquido color anaranjado que tiñó mis manos de aquel color. Cada vez estaba más cerca de él y todo mi cuerpo podía sentirlo. Me había explicado como llegar. Era uno de las últimas habitaciones del lado izquierdo. Ahí más que nunca necesitaba a alquien que me acompañe, aunque sabía que no era posible. Con muy poca decisión empecé a caminar por aquel lugar. Era la primera vez que estaba en un lugar como aquel, y como es de esperarse cuando uno esta en un lugar nuevo no me perdí ni de un solo detalle. Había muchas habitaciones y cada visitantes tenía plena vista de todos ellos. Sus paredes estaban compuestos de ventanas transparentes. Un dolor horrendo se arremolinaba en mi estomago al ver a todas aquellas personas en unas situaciones tan dolorosas. Se me rompía el corazón, no solo por aquellos familiares destrozados, sino también por aquellas habitaciones vacias, donde nadie lloraba por los enfermos. Luego de apenas algunos vistazos, me di cuenta que no quería ver más todo aquello. Se podía respirar el espeso aire del dolor, que te llenaba los pulmones y llegaba hasta el último milímetro de tu cuerpo. Finalmente, llegué. Me encontraba allí, mirándolo por aquella ventana de sufrimiento. Todo el padecimiento que había intentado ocultar toda aquella tarde se hizo incontenible. No podía ser. Me negaba a verlo así. Las lágrimas se había hecho presente. Quizá nunca había terminado de entender la gravedad del asunto. Nunca había terminado de caer en la cuenta de a lo que nos estabamos enfrentando. Lentamente, entré en la habitación en que él se encontraba totalmente incosciente. Sentía que las piernas no iban a poder sostenerme por demaciado tiempo más. Tomé una silla que se encontraba a un costado, y me senté a su lado. El silencio inundaba el aire, y solo era interrumpido por el ruido de los electrocardiogramas y demás aparatos. Acaricié su mejilla y sentí que el mundo se me venía abajo. Noté que respiraba artificialmente e intenté no tocarlo demaciado en el rostro. Por más de que limpiaba mis lagrimas, parecía que no tenían fin. Apollé mis codos en la cama y tomé su mano. Una vez me habían dicho que las personas en aquel estado, escuchaban cuando uno les hablaba, así que sentí que no tenía nada por perder.

Nati: Hola Nick.

No sabía como empezar a decir todo lo que sentía dentro. Sabía que tenía que sacar hasta el último sentimiento, pero no sabía como hacerlo. Mis palabras se entrecortaban al salir de mi boca a causa del llanto. Él permeció inmóvil.

Nati: Tenemos una conversación pendiente vos y yo. Quizá no sea este el mejor lugar para hacerlo, ¿no?

Cerré mis ojos y recordé la última vez que lo había visto. Todo lo que le había dicho, su rostro, su mirada.

Nati: No te preocupes, yo sé que todo va a salir bien. Que pronto vamos a estar viendo alguna película, saliendo a comer algo o simplemente charlando.

Escuchaba lo que decía, pero no sentía que fuera yo la que dijera todo aquello. No lo creía, estaba aterrada. Las lágrimas fluyeron con mayor intensidad.

Nati: Por favor, Nick. Tenés que ser fuerte. Tenés una familia entera allá afuera que no para de rezar por que vos salgas. Por volver a ver aquella sonrisa, el brillo de tus ojos. Millones de fans que quieren volver a escucharte cantar. Por favor, no te dejes vencer. Hacelo por mí, por favor.

Poco a poco, mis verdaderos sentimientos estaban floreciendo. Poco a poco, sentía que mi corazón tomaba el mando de mi cuerpo y hablaba por sí mismo.

Nati: No entendés lo que significás en mi vida. Yo… si te llegar a pasar algo… por favor Nick. No puedo seguir si vos no estás por favor. Perdón, perdón por hacerte todo esto. Y es ahora que me doy cuenta que tendría que haber aprovechado mejor el tiempo. Y no creas lo que te dije. Nunca podría arrepentirme de haberte conocido. Sos lo más importante que tengo y si vos no estás… simplemente… no podría…yo… por favor…

Las palabra se había hecho carne y me dolía tanto decirlas en voz alta. No podía pensar en eso. No tenía las fuerzas suficiente para decirlo. No podía creer que se estuviera muriendo y yo no poder hacer nada. El dolor me ponía histérica y no podía soportarlo más. Apollé mi cabeza en el borde de la cama y lloré desconsoladamente. Ya había dicho todo lo que tenía que decir. Era hora de dejarlo descansar. Tomé su mano y la besé. Al apollarla lentamente en la cama, sentí que se movía. ¡¿Se movió?!

Nati: Sé que te vas a poner bien. Nunca lo olvides. Te quiero más que a nada en el mundo.

Lo besé en la frente y me decidí a irme. Antes de siquiera hacer un paso lejos de él, sentí que un fuerte ruido llenaba el lugar. Miré al aparato que lo producía y un fuerte escalofrío recorrió todo mi cuerpo. Era el electrocardiograma y se había vuelto loco. Intenté acercame a él para ver que podía hacer, pero una enfermera me alejó de inmediato.

Enfermera: Por favor, retírese.

Nati: Pero…

Sentía que el terror se apoderaba de todo mi cuerpo al momento que algunos médicos entraban y la enfermera me saca a la fuerza.

Nati: ¿Qué le pasa?

Dije en un grito histérico mientras las lágrimas caían a mares.

Enfermera: Por favor, valla a fuera.

De apoco, la cantidad de gente dentro de aquel lugar iban aumentando hasta que no pude ver más a la persona sobre la camilla. Podía sentir que mi cuerpo no iba a soportarlo más. En cualquier momento iba a desvanecerme. No me importaba más nada, y me dejé caer al piso. Me quedé sentada mientras el llanto no cesaba. No podía creer que no pudiera hacer nada y que él frente a mis ojos… se estuviera muriendo.

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