Cuenta Ro:
Hacía ya largo rato que Nati se había ido del hospital. Por suerte, gracias a un mensaje de texto de su mamá, todos nos quedamos tranquilos al saber que había llegado bien y que ya estaba acostada. De un momento a otro, el celular de Kevin comezó a sonar y quebró aquel denso silencio que nos había invadido desde hacía ya varios minutos.
Kevin: Bueno… esta bien… un beso.
Dijo él al momento que se ponía de pie y se nos quedaba mirando.
Joe: ¿Qué?
Dijo él, dándose por aludido.
Kevin: Nos estan esperando abajo. Ya no hay casi periodistas y es el mejor momento para ir al hotel.
Esta vez, la que se daba por aludida era yo. Me paré de un salto y comencé a despedirme.
Ro: Bueno. Enconces yo también me voy a mi casa y…
Joe: ¿No te querés venir a dormir a mi casa?
Estaba a punto de saludar a Kevin cuando me detuve antes de hacer nada. Di un cuarto de vuelta y me quedé mirandolo atónita. Sin decir nada, volví a mirar a Kevin, intentando encontrar algun vistazo de desaprobación, aunque su mirada se mantenía inexpresiva.
Ro: No es que no quiera ir, pero no sé si va a ser lo mejor. Están tus papás, me parece un poco desubicado…
Dije, intentando pensar un poco en frío, aunque sabía que no quería despegarme ni un segundo de él.
Kevin: Si es por ellos, no te preocupes. Ellos te adoran.
Lo miré a Kevin por unos segundos y me di cuenta que no hacía más que fomentar las ideas de su hermanos, aunque esto no me daba más seguridad.
Ro: No sé si a mi mamá le va a gustar la idea además mañana tengo colegio y…
Joe: Está bien. Si no querés venir, simplemente decilo.
Dijo él, encogiéndose de hombros. Cualquiera que hubiera utilizado la psicología inversa conmigo no hubiera funcionado, pero todo lo que de su boca provenía era inevitable para mí. Acomodé mi mano en su mejilla y lo besa tiernamente hasta que su expresión cambió de “triste” a muy satisfecho.
Ro: Ahora la llamo a mi mamá…
Dije al momento que me separaba de su boca, totalmente derrotada ante su mirada y carita de cachorro mojado. Busqué rápidamente en mi cartera y marqué a toda velocidad el número casi sin mirar las teclas.
Mamá: ¿Hola?
Ro: Hola ma…
Mamá: Hola Ro. ¿Cómo esta Nick?
Dijo e intenté esquivar aquel tema de conversación.
Ro: Y… ma te llamaba para preguntarte si me puedo quedar con Joe esta noche…
Mamá: A tu papá no le va a gustar mucho la idea.
Me separé un poco de ellos para poder hablar con un poco más tranquila.
Ro: Es que se siente re mal. No lo puedo dejar así ¡Por favor ma! Nick esta muy grave y…
Mamá: Bueno está bien. Ahora veo como lo convenso. Mañana hablamos. ¿si?
Me despedí de mi mamá, agradeciendo que me halla entendido y volví a donde los dos hermanos me esperaban.
Joe: ¿Y?
Dijo sumamente ansioso.
Ro: Dijo que sí.
Dije sonriendo, y sin esperar más nos dirigimos a donde se encontraban sus padres. Por suerte, al hablar con ellos no tuvieron ningun inconveniente en que pasara la noche en el hotel. Yo lo prefería de aquella manera, aunque no por eso tenía menos vergüenza. Ninguno tenía ganas de cenar nada. Por lo visto, los nervios nos habían revuelto todas las tripas y ni ganas de comer teníamos.
Ro: Permiso…
Dije al momento que entraba en su cuarto. No era muy oportuna, ya que él se estaba terminando de poner su pijama. Me quede sin habla al ver su torso desnudo, aunque él ni se incomodó.
Ro: Perdón…
Dije arrepintiéndome por haber entrado así.
Joe: Vení, Ro.
Dijo al momento que dejaba caer la remera y tapaba lo que tanto pudor a mí me había causado. Sin decir nada, se sentó en su cama y yo entendí que quería que me sentara a su lado.
Ro: ¿Cómo te sentís?
Joe: Y…
Dijo encogiéndose de hombros. Yo simplemente giré un poco mi torso para mirarlo de frente e introduje mis dedos entre su pelo. Joe simplemente cerró los ojos y apoyó su cabeza en mi palma.
Ro: Poco a poco, vas a ver como todo va a mejorar. Es cuestión de tiempo.
Joe: No puedo sacar de mi mente su rostro el día que nos enteremos que sufría de diabetes. En ese momento creí que nada iba a afectarme más que eso, pero por lo visto me equivoqué. Y siento lo mismo que aquel día, pero triplicado. Ese sentimiento de no tener fuerzas, de no saber que hacer, de impotencia. Esa maldita impotencia de saber que esta tirado en una cama sin moverse y yo acá…
Ro: No te subestimes, Joe. No hay nada que podemos hacer, y si lo hubiera, todos sabemos que serías uno de los primeros en ofrecerte para salverle la vida.
No pensé demaciado la repercusión que aquello podía causar en él hasta el momento que vi sus ojos cristalizarse.
Joe: El es mi hermano menor, Ro. Desde que somos así de chiquitos que cuido de él. Y ahora, siento que lo estoy dejando…
Hizo una pausa al no poder pronunciar el verbo que ya ambos sabíamos al que se refería. Extinguí el estrecho espacio entre nosotros y lo obligué a descansar su cabeza en mi pecho.
Ro: Basta, Joe. No te mortifiques más. Si no haces, es porque no podés. No esta en nuestras manos. Descansá, es lo que necesitas. Hoy fue un día muy largo.
Sin decir nada, limpió las lágrimas que de sus ojos había empezado a caer, abrió las cobijas de su cama y se metió en ella. Antes de volver a empezar la conversación, miró la cama vacía a su lado con nostalgia.
Ro: Basta. Cerrá los ojos e intentá dormir. Desconectate un poco de todo esto.
Joe: Gracias. De verdad, creo que sos la que más fuerza me da para seguir. Creo que si vos no estuvieras..
Ro: Si yo no estuviera, vos serías igual de fuerte, porque estoy segura que tu personalidad es así. Y quiero ver a ese Joe, el Joe fuerte que no se deja vencer, el Joe del cual yo me enamoré.
Dije, sellando aquel comentario con un dulce beso en los labios. No quería que el dijera más, simplemente que descansara. Por suerte así lo hizo. Cuando estuve segura de que había caido en el más profundo de los sueños, me dirigí a mi cuarto. Mi cuerpo pedía a gritos un descanso, ya no podía más. Apenas mi cabeza rozó la almohada, no recordé más nada hasta el día siguiente. Cerca de las diez de la mañana, el ruido del teléfono del hotel llamó fuertemente mi atención y me despertó al instante. Esperé a que alguien contestara, pero por lo visto, tanto Kevin con Joe estaban dormidos, y dado que Denisse y el resto de la familia se encontraban en otro cuarto del hotel, decidí ser yo la que atendiera.
Ro: ¿Hola?
Dije, un tanto incómoda por ser la que tuviera que recibir un llamado que era más que seguro para alguno de los Jonas. Por suerte, la voz que habló del otro lado me era sumamente familiar.
Denisse: Hola Ro. Perdón que llame a sí, pero llamaron del hospital y tenemos que salir lo antes posible para allá. ¿Los podrías despertar a mis hijos?
Dijo ella, y yo asentí sin pensarlo. Su voz denotaba demaciada preocupación, y no podía juzgarla. Al escuchar aquella noticia, no pude evitar que mi corazón latiera con fuerza, esperando lo peor.

No hay comentarios:
Publicar un comentario