Cuenta Nati:
Aquella noche, muy a diferencia de la noche anterior, pude dormir en paz. Sentía como que poco a poco me iba sacando un peso de ensima. Sentía que esta vez, estaba mucho más cerca de su amor de lo que hubiese estado mucho tiempo antes. Me levanté al mediodía, y como todo los domingos, fui a comer en familia a la casa de mi abuela. Cerca de las tres o cuatro de la tarde, llegué a mi casa con demaciado buen humor como para pasar aquel día sola. Por eso, no tuve otra opción que llamar a Ro y ver si tenía ganas de hacer algo.
Nati: Hola Ro.
Ro: Hola amiga. ¿Cómo estás?
Nati: Re bien, ¿y vos?
Al hacerla esta pregunta, ella dudo levemente.
Ro: Emmm… bien.
Nati: Te llamaba para ver si querías venir a pasar la tarde a mi casa.
Ro: No sé Nati. No tengo muchas ganas de salir.
Nati: ¿Pasó algo que no me estas contando?
Ro: No… no sé… bueno sí.
Nati: Dale, venite y tomamos unos mates y me contás que paso.
Me costó un poco convencerla, pero finalmente cumplí mi cometido.
Ro: Bueno, (dijo cansada de escucharme) en un rato estoy en tu casa.
Apenas terminamos nuestra conversación, aproveché el tiempo que ella tardaba en llegar para salir y comprar algunas cosas dulces para comer. Al momento que volvía con las bolsas en las manos, me encontré con mi amiga y ambas subimos juntas a mi departamento. Tardamos algunos minutos en tener todo preparado y poder sentarnos a charlar tranquilas, pero el momento finalmente llegó.
Nati: ¿Pasó algo con Joe? Te escuchabas rara por teléfono. Y personalmente no te veo de lo mejor.
Ro no puso demaciado empeño en disimular su estado y me dio la razón. Por lo que podía intuir por su rostro, su respuesta no me llamó la atención.
Ro: Me peleé con Joe.
Nati: ¿Pero que pasó?
Lo que me contó a continuación no lo hubiera adivinado nunca. Me explicó todo con lujo de detalles, desde las primeras charlas que tuvo con los chicos de Teen Angels hasta el ataque de celos que la invadió al momento.
Nati: Soy la menos indicada de juzgarte, porque soy la más celosa de todas, pero no sé. Me parecé que tenés que hablar con Joe y que el te explique que paso.
Ro: No hay demaciado que explicar, lo vi todo. Si bien no hubo un beso, o por lo menos me fui antes, Joe en ningun momento se detuvo.
Nati: Pero quizá ella lo tomó por sorpresa.
Ro: Dale Nati, no lo justifiques.
Al instante me di cuenta que no iba a ser una problema fácil de lidiar y dejamos la convesación ahí.
Nati (mirando el reloj): Uhhh, mira la hora que es. ¿Te querés quedar a cenar?
Ro: Bueno, después llamo para que vengan a buscar.
Y así lo hicimos. Luego de cenar, nos quedamos mirando un rato la tele, hablando de distintos temas sin importancia. Apenas unos segundos después de que Ro llamara a su casa para que la vengan a buscar, mi celular interrumpió nuestro momento de relajación en el sillón. Al ver el remitente, mi humor cambió totalmente.
Nati: Hola Nick.
Al pronunciar su nombre, Ro no pudo evitar abrir los ojos como platos y mirarme sorprendida.
Nick: Perdón que te llame a esta hora. ¿Estabas durmiendo?
Nati: No, para nada. Estoy con Ro.
Nick: Mandale un saludo. Te llamaba para arreglar bien lo de mañana.
Nati: Decime que querés hacer.
Nick: Mirá, acá hubo un cambio de planes. Un banco de niebla hizo que se cancelaran todos los vuelos a Buenos Aires y al resto de las provincias.
Al escuchar eso, un escalofrío me invadió totalmente.
Nati: ¿Osea que no vas a venir?
Nick: Tenemos que ir obligatoriamente, porque sino perdemos el vuelo a Chile. Vamos a ir en micro, por eso vamos a tardar más. Ahora en un rato salimos para allá, así que por la mañana ya vamos a estar en el hotel.
Nati: Yo salgo del colegio a las 12, ¿te parece que nos juntemos a la 1 en el restaurant del hotel?
Nick: No tengo problema. Ya está arreglado entonces.
Al escuchar aquello, no pude evitar sonreir, llena de felicidad.
Cuenta Ro:
Por lo visto yo no había sido la única que había tenido un sábado agitado. Poco entendía de todo lo que escuchaba, y mientras más pendiente me encontraba de aquella conversación, menos entendía. Cuando creía que ya estaba todo dicho y que la conversación había llegado a su fin, ésta dio una vuelco.
Nati: Bueno dale, pasame. ¡Hola Joe! Sí, me dijo Nick. Si, me imaginé. Ahora te paso con ella…
Al escuchar esto, entre en pánico y comencé a hacerle señas a mi amiga para que evitara aquel encuentro telefónico.
Nati: Bueno. Mandale un beso a Kevin, un beso.
Dijo al momento que separaba el pequeño aparatito de su oído y me lo extendía en su mano derecha. Al tomarlo entre mis manos, lo tapé para que Joe no escuchara lo que yo iba a decir.
Ro: ¡Te voy a matar! Hola Joe.
Dije al momento que cambiaba totalmente el tono de voz, a uno completamente inexpresivo.
Joe: Seguís enojada mi amor.
Odiaba que se hiciera el bueno conmigo cuando ambos sabíamos que el que se había equivocado era él.
Ro: Sí.
No dije más que eso.
Joe: Pero te juro que no paso nada, estábamos hablando nada más.
Ro: Que forma tan… CARIÑOSA que tenes de charlar vos, en especial con chicas tan lindas como ella.
Joe: No quiero pelear, quiero que este todo bien.
Ro: Yo no quiero hablar más ahora.
Joe: Me tengo que ir, Ro. Cuando llego a Buenos Aires te llamo y hablamos.
Ro: Chau Joe.
Dije cortante, al momento que me enfrentaba con la mirada acusante de mi amiga que, por lo visto, se encontraba en desacuerdo de la manera en que yo había tratado a Joe.

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