Cuenta Nati:
Terminamos de comer y seguimos caminando por el centro de Buenos Aires. No teníamos un destino fijo, simplemente caminar, recorrer y, lo más importante, pasar tiempo juntos. Antes de lo pensando, ya estaba anocheciendo.
Nick: ¿Qué hora es?
Preguntó Nick a Joe, quien se acaba de fijar la hora en su reloj.
Joe: Las seis.
Ro: Ya es hora de que vallamos volviendo.
Me dijo Ro al instante.
Kevin: Ahora lo llamamos a Aaron y las alcanzamos hasta…
Nati(interrumpiendo): No, no se hagan problema. Ahora nosotras nos encontramos con mi mamá que trabaja por acá y volvemos con ella.
Joe: ¿Están seguras?
Ro: Sí, en serio. No se van a ir hasta donde vivimos nosotras y después volver acá.
Joe: Pero…
Ro: “No les cuesta nada” ya lo sé…
Nick: Si quieren las alcanzamos hasta el trabajo de tu mamá.
Dijo Nick, dirigiéndose hacia a mí. La verdad que eso nos ayudaría muchísimo.
Joe: Sí, dejenos llevarlas hasta allá aunque sea.
Ro y Nati (al unísono): Esta bien.
Asentimos ambas.
Kevin: Aaron y Rob ya están viendo.
Rob? Suponía que era el otro guardaespaldas al cual no conocía. Esperamos algunos minutos y, como de costumbre, la camioneta negra aparecio doblando la esquina. Era algo casi imposible de imaginar cómo es que hacía Aaron para estar en todos lados. Ya lo había preguntado una vez, y la respuesta recibida había sido “es su trabajo”. Son esas cosas de la vida que uno nunca entenderá. Entramos en la camioneta y empezamos nuestro último camino de aquella tarde.
Aaron: ¿A dónde las llevamos chicas?
Preguntó Aaron, el copiloto oficial.
Nati: Seguí derecho por acá, yo te voy diciendo a donde ir.
Kevin: ¿Por dónde trabaja tu mamá?
Nati: En frente de Plaza de Mayo. Espero que no halla ningun piquete.
Pensé en voz alta. Como era de esparse, la única que pudo entender a que me refería fue Ro.
Joe, Nick y Kevin (casi al mismo tiempo): ¿Piquetes?
Preguntaron los tres hermanos, totalmente intrigados por aquella nueva palabra. Pensé por unos instantes como podría ser su traducción al inglés, pero era que simplemente no había. Todo el camino intentamos con Ro explicarles que era cuando la gente protestaba, cortaba calles y, algunas veces, hacía destrozos. Realmente, no estabamos muy orgullosas de explicar lo que era un “piquete”. Cuando hubimos terminado de aclarar a duras penas lo que significaba aquella conflictiva palabra, mi celular nos interrumpio.
???: They come and go, but they don’t know, that you are my beautiful.
Tarde un poco en encontrar mi celular en la mochila no sólo por tener mil y una cosas allí, sino porque la mirada del más chico de los hermanos se encontraba clavada en mí desde que el primer acorde había empezado a sonar. En ese momento, hubiera deseado haber cambiado ese ringtone, tener cualquier otra cosa. Mientras tanto, aquella canción inundó el vehículo y tapó totalmente la música tenue de la radio.
Nati: Hola Ma.
Mamá: ¿Ya estas llegando?
Nati: Sí, ahí te veo. Estoy en una camioneta enorme color negra. Ahí me bajo, quedate ahí.
Dije al momento que cortaba el teléfono y me disponía a despedirme de los chicos.
Nati (agarrando la mochila y poniéndomela a cuestas): Chau chicos. Nos vemos dentro de unas horas.
Me despedí con un gesto de la mano y abrí la puerta de la camioneta, al momento que me encontraba con mi mamá.
Cuenta Ro:
Realmente el tiempo que pasaba con ellos transcurría a la velocidad de la luz o quizá más rápido.
Ro: ¿Nos vemos a la noche?
Joe: Claro que sí. Ya te estoy extrañando.
Dijo en voz baja, acercándose a mi oído.
Ro: Yo también. Pero ahora me tengo que ir, porque la mamá de Nati nos espera.
Joe: Bueno.
Dijo bajando la mirada. Sabía que lo hacía aproposito, pero le seguí el juego. Acomodé mi mano en su rostro y lo obligué a mirarme a los ojos.
Ro: Te amo.
Dije al momento que amoldaba mis labios a los suyos y le transmitía todo el amor que sentía. Nuestro contacto duró menos de dos segundos, pero valió la pena. Al alejar mi rostro para atrás, él lo hizo para adelante para no separse, aunque finalmente fue inevitable.
Joe: Yo también te amo. Nos vemos a la noche.
Ro (sonriéndo): Chau. Chau chicos.
Nick y Kevin: Chau Ro.
Dijeron ellos, aunque sabía que su atención estaba fuera del auto, viendo por primera vez a la mamá de Nati. Luego de nuestro encuentro con la mamá de Nati, tomamos el subterráneo y en menos de una hora ya nos encontrábamos cada una en su casa. Tenía menos de una hora para bañarme, arreglarme y estar en la casa de mi amiga. Decidí ponerme un chupin de jean y una remera gris con violeta. Aunque no quería sobresaltar, quería que Joe me viera linda. Algo natural y sencillo, así era como me quería ver. Cuando lo hube conseguido, me dirigí a la casa de Magui, ya que su mamá nos llevaría. En apenas unos minutos ya estabamos en su departamento, llamando a la puerta y esperando a entrar. Finalmente, la puerta se abrió y entramos.
Ro: ¿Los chicos no llegaron todavía?
Dije mirando a todos lados en el livingcomedor de Nati. Ella, por su parte, reviso sus bolsillos y por último dijo.
Nati: Emm… no… en los bolsillos no los tengo.
Ro: Dale tarada!
Nati: Bueno, no. No llegaron. Pero pasen.
Dijo ella, haciendo un movimiento con la mano. Ambas pasamos y nos sentamos en el sillón. Romi y Caro ya se encontraba allí, así que solo faltaban ellos tres.

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