martes, 24 de febrero de 2009

Capítulo 154

Cuenta Ro:

No pude sostener más mi conversación telefónica con Nati, viendo como la famosa cantante se acercaba a Joe tan descaradamente. No podía comprender como en un lapso tan corto de tiempo, aquel lugar se había llenado tanto de personas. Se me hizo sumamente difícil siquiera acercarme. De la misma manera que yo me acercaba a Joe, Eugenia lo hacía. Entre la enorme cantidad de gente que había allí, intentaba con todas mis fuerzas seguir acercandome y aclarar algunas cosas, pero simplemente me era imposible. Obligatoriamente, tenía que esperar a que se fuera despejando al gente. Desde un costado, miré atentamente como aquella rubia se le insinuaba a mi chico, imposibilitada de hacer algo. Miraba, desde lejos como los dos hermanos mayores, dado que Nick había desaparecido, hablaban con todo el grupo. Eugenia, en especial reía y poco a poco a se acercaba más a Joe. Finalmente, en el medio de todo aquel tumulto, ella lo tomó a él por la mejilla y se aproximó lo más que pudo. Podría haber aceptado cualquier desubicación por parte de ella, pero no iba a soportar que Joe no le dijera nada. Por lo visto, nuestra salida se había cancelado. Seguí a la marea de gente que, antes iban contra mí, pero ahora se dirigían al mismo lugar que yo, fuera de allí. Como si siguiera la misma rutina de la noche anterior, llegue a una calle transitada donde poder tomarme un taxi y volver a mi casa. Sabía que por momentos me comportaba de manera impulsiva, pero no podía soportar mucho más aquella situación. Iba a hablar seriamente con él, pero aquel no era el momento oportuno, sabía que me iba a dejar llevar por el enojo.

Ro: Hasta Villa Urquiza por favor.

Le dije al taxista, al momento que me subía a su vehículo y comenzaba mi camino a casa.

???: Things are shaping up to be pretty odd. Little deaths in musical beds, so it seems I'm someone I've never met.

Era mi celular. Miré atentamente la pantallita externa, debatiéndome conmigo misma si debía atenderlo o no. El taxista giró su cabeza y me fusiló con la mirada, a causa del ruido que había yendo el auto y que él parecía no soportar.

Ro: Hola Joe.

Dije duramente al momento que la canción sesaba.

Joe: ¿Dónde estás? Te estuve buscando desde que salí y no te encuentro por ningun lado.

Ro: Ni bien saliste me parece que lo último que hiciste fue buscarme.

No estaba pensando demaciado lo que decía y dejaba que la furia hablara por si sola. Por lo visto aquella contestación o había tomado por sorpresa.

Joe: ¿De qué hablás?

Ro: De que me estoy volviendo a mi casa. Que la pases bien con Eugenia.

Joe: ¿Quién es Eugenia? Ahhh, pero estás pensando cualquier cosa.

Ro: Por lo visto sí tenes debilidad por las rubias, ¿no Joe?

Joe: Nunca te di razones para que desconfíes de mí, ¿podés volver así hablamos?

Ro: No, no puedo, ya vi demaciado por un solo día.

Joe: Pero…

Ro (interrumpiendo): Quizá ella que pertenece al mismo mundo que vos, pueda entenderte porque la verdad yo no.

Joe: Cuidado, no te arrepientas de lo que vallas a decir…

Ro: Hablemos en otro momento. Chau.

Dije al momento que cortaba el telefono, sin dejar que él se despidiera.

Cuenta Nati:

Ro me había dejado con la palabra en la boca y me había cortado antes de que pudiera decir más. Estaba a punto de volver a llamarla, cuando el celular volvió a sonar. Debía ser ella, me tranquilizó un poco que volviera a llamarme.

Nati: Hola, Ro. ¿Qué pasó que…?

??? (interrumpiendo): No soy Ro.

Su voz hizo que en un momento una ola de sentimientos me inundara y se llavara todas las palabras de mi vocabulario, dejandome completamente sin habla. Por lo visto, él no comprendía que yo necesitaba una preparación psicológica previa para hablarle y no así improvisadamente.

Nati: N-nic-ck.

Dije apenas tartamudeando, intentado estabilizar mi voz.

Nick: ¿Viste el recital?

Nati: Sí, lo vi.

Respondí rápidamente.

Nick: ¿Te gustó?

Era demaciado previsible que aquella pregunta se avecinaba. Dude en la respuesta. Dude entre decirle la verdad y verme totalmente expuesta, o mentirle y hacerme la dura.

Nati: Sí.

Dije secamente, prefiriendo siempre la verdad a la mentira. Intentando no cometer los mismos errores que le reprochaba a él. Elegí seguir hablando antes de que cualquier comentario que él pudiera hacer me descolocara nuevamente.

Nati: Me gustaría dejar algunas claras. Pero me parece que el celular no es la mejor manera dehacerlo, ¿no te parece?

Entre la esta Nati y la Nati del día anterior, había un abismo. Por momentos no podía entender como podía ser tan ciclotímica.

Nick: Si fuera por mí, saldría ya mismo para tu casa…

Nati: ¿Pero…?

Me apresure a acotar antes de que finalizara. Intentaba ocultar mi nerviosismo, aunque por momentos se hacía muy evidente.

Nick: Pero en unas horas tengo que irme a Córdoba. Tenemos un show allí, es el último que hacemos acá en Argentina.

Al decir eso, el miedo a no poder volver a verlo antes de que se fuera me invadió de pies a cabeza.

Nati: Pero…entonces…

Nick: Igual es solo un día. Desde Córdoba no salen vuelos internacionales, así que tengo que volver obligatoriamente a Buenos Aires.

Nati: ¿Cuándo siguen con su gira?

Nick: El martes por la mañana tenemos que estar en Santiago de Chile.

Nati: ¿Osea que no vamos a poder vernos?

Nick: Si querés, te invito a almorzar el lunes.

Su propuesta, tan simple y tan sincera, me había obligado a sonreir estúpidamente.

Nati: Esto no quiere decir que te perdoné todavía.

Intenté recomponer mi imagen de dura, aunque ya estaba totalmente quebrado aquel escudo que había formado.

Nick (entre risas): Lo sé. Es simplemente un almuerzo. Mañana a la noche, antes de salir para Buenos Aires, te llamo y arreglamos bien la hora, ¿te parece?

Nati: Esta bien.

Nick: Gracias.

Nati: ¿Gracias? ¿Por qué?

Aquel comentario me había llamado la atención.

Nick: Por darme otra oportunidad, aunque no me la meresco.

Nati: Basta, no hablamos más de eso. El lunes vamos a tener todo el día.

Nick: Está bien. Hasta el lunes entonces.

Nati: Chau Nick. Buen viaje.

Dije, dando por finalizada aquella conversación. No podía entender como, una vez más, estaba entre sus garras. Pero era que simplemente no podía concebir la idea de perderlo, de estar lejos de él. El solo hecho de pensar por un momento que no iba a volver a verlo antes de que se fuera de Argentina, hizo florecer mis sentimientos. Y había llegado a la conclusión, que podía ser una ilusa y una ciega, pero que prefería serlo junto a él y no alejada.

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