Cuenta Ro:
Me encontraba sumergida en un profundo sueño cuando el ruido de algo estrellándose contra el piso me despertó repentinamente. Me erguí en menos de un segundo y al ver la sombra de una persona a mi lado, intenté empezar a gritar. Para que no lo hiciera, la persona que se encontraba mi lado apollo rápidamente su mano sobre mi boca y me impidió el habla. Cuando mis ojos se acostumbraron a la luz de la mañana pude ver que el intruso no era más que el chico de mis sueños.
Joe: Vas a gritar?
Negué con la cabeza y él sacó su mano lentamente de mi rostro.
Ro: Qué hacés acá Joe? Me asustaste…
Dije mientras me acomodaba un poco el pelo, todo despeinado e imposible de controlar, caráctiristico de mis mañanas. Noté como Joe se sonrojaba y empezaba a jugar con un extremo de la frazada.
Joe: Bueno… yo…esteeeem…
Ro: Vos?
Joe (levantando la mirada): Me gusta verte dormir…
Me quedé inmóvil en mi lugar. Este chico no era más tierno por falta de tiempo. Tomé su rostro entre mis dos manos, y sin decir más nada, acomodé lentamente mis labios sobre los suyos. Pasados unos segundos, me separé lo suficiente como para poder hablar.
Ro: No me molesta que vengas, pero despertame la próxima.
Joe: Es que te ves tan…linda.
No pude evitar más que volver a darle un beso, esta vez una más corto.
Ro: Me dejas que me cambie y desayunamos?
Joe (levantándose de la cama): Sí, nos vemos abajo?
Ro: Dale.
Sin decir más nada, desapareció tras el ruido de la puerta cerrándose. Me apuré a levantar y me vestirme, no quería pasar demaciado tiempo separada de él. Al fin y al cabo era el último fin de semana juntos. El próximo sábado teníamos fecha de regreso a Buenos Aires. Me puse un jean y un buzo, nada especial. Tomé mi cepillo de dientes y un peine y me interné en el baño. Cuando me miré en el espejo no pude evitar sonreir. Reía un poco de lo graciosa que era mi imagen y un poco por la vergüenza que sentí al pensar qe Joe me había visto así. Terminé con mis quehaceres y bajé lo más rápido que pude las escaleras. Me dirigí hacia la cocina, esperando encontrarme con la familia entera, pero sólo lo vi a Joe.
Ro: Dónde está el resto del mundo?
Dijé al momento que me sentaba al lado de Joe.
Joe: Kevin y Nick siguen durmiendo. Mis papás y Frankie supongo que estarán en la iglesia.
Dijo mirando el reloj. Me causaba tanta ternura imaginarmelos en la iglesia un domingo por la mañana. Me le quedé mirando atontada y totalmente tildada, cuando noté que él cambió su expresión. Estaba serio.
Joe: Tenés que ir a ver a Nati hoy?
Ro: Sí… si tenes algo que hacer me tomo un taxi no hay…
Joe (interrumpiendo): No, no, yo te llevo. No era por eso.
Abrí la boca para preguntar, pero la cerré al instante. Claro! No lo había pensado. Mike. Desde que estaba tan bien con Joe, no se me había pasado nunca su nombre por la cabeza. Pero tenía razón, hoy iba a volver a verlo desde la última vez. Mi corazón empezó a latir a mil y me dí cuenta que Joe notó esta reacción en mí.
Ro: Pero no hay otra forma, Joe.
Joe: Está bien. Es tu deber como amiga.
No volvimos a tocar el tema. Terminamos de desayunar una hora después. Era simplemente increíble lo mucho que él podía llegar a hacerme reir. Era imposible de definir la forma en que me hacía sentir. Luego de dejar la cocina en condiciones, nos decidimos a irnos. Nos subimos al auto y emprendimos el camino hacia la casa de Mike. Algo, mezcla de nervios, miedo y odio, se arremolinaba en mi estomago, haciendo que se me revolviera lo que había acabado de tomar. No quería verlo a Mike. Había creado la ilusión de no tener que verlo hasta que vuelva a Buenos Aires, o (por que no?) no tener que verlo nunca más. Sin embargo, como ya lo vimos mucha veces, la vida no es tan facil. Antes de lo que hubiera preferido, llegamos a la casa. Joe paró el motor del auto y se dispuso a bajar, pero yo lo detuve.
Joe: Qué pasa?
Ro: Te molestaría esperar en el auto?
No quería que se enoje conmigo, pero nos ahorraría un montón de problemas. No quería ni imaginar que le podía hacer Joe a Mike o viceversa.
Joe: Sería lo mejor no?
Noté que, si bien sus palabras eran comprensivas, su rostro no demotraba lo mismo. No era falta de confianza en mí, si demaciada desconfianza en Mike. Sin embargo, las cosas eran como eran y lo mejor iba a ser que se quedara en el auto.
Ro: Te prometo que voy a tardar lo menos posible. Si veo que Nati necesita más, te mando un mensaje.
Joe: Esta bien. Tené cuidado.
Ro: No me voy a la guerra, Joe.
Joe: Igual…
Sonreí queriendo transmitirle confianza, pero no lo logré. Simplemente lo aferré por el cuello y lo acerqué a mí. Le di un beso y al separme de él, noté que estaba sonriendo, pero sus ojos denotaban preocupación.
Ro: No te preocupes, todo va a estar bien. Ya vas a ver, antes de que te des cuenta, vamos a estar volviendo a tu casa.
Joe: Bueno, dale. Anda! Cuanto antes vallas, antes volvemos.
Me despedí y bajé del auto. Caminé lentamente pensando en las posible situaciones que me esperaban detrás de aquella puerta. Recordé, fugazmente, todo lo que me había dicho esa noche. Ya lo tenía superado, pero no podía evitar odiarlo tanto cuando pensaba en aquello. Me paré frente a la puerta y esperé un segundo. No era miedo, sino expectivas. Pensé en positivo. Lo más probable era qué, al ser un domingo a la mañana el estuviera durmiendo. Y si no lo estaba? Y si me atendía él? Si me atendía él, seguramente no iba a querer ni verme y todo iba a ser más fácil para ambos. Subiría, hablaría con Nati, volvería al auto y todos contentos. Sacudí la cabeza para quitar aquellos pensamientos de mi cabeza. Tenía que dejar de pensar en los “que tal sí” y actuar. Joe tenía razon, cuanto antes valla, antes volvería. Tomé una bocanada de aire, y llame a la puerta. Del otro lado, se escuchaban a lo lejos unos pasos que se hacían más y más fuertes hasta detenerse del otro lado. Finalmente, la puerta se abrió dejando ver a la persona que me esperaba del otro lado. O mejor dicho, la persona que NO me esperaba.
???: Ro? Qué hacés acá?
Preguntó la figura, totalmente anonadada.

No hay comentarios:
Publicar un comentario