viernes, 27 de febrero de 2009

Capítulo 171

Cuenta Nati:

No tenía demaciado tiempo para pensar acerca de lo que debía o no hacer. Además, ni en mis momentos de más lucidez mental iba a poder tomar semejante decisión en tan poco tiempo.

Ro: Estas a tiempo de arrepentirte todavía.

Dijo ella apoyando su mano en mi hombro. Apreciaba tanto que apesar de mi mal humor y de haber explotado contra ella cuando no tenía ninguna culpa por todo lo que me pasaba, aún así estaba allí dandome palabras de aliento. Pense algunos segundos más, y dado que mi cabeza y mi corazón no se ponían de acuerdo decidí dejarlo todo a una señal. Esperar ese ALGO enviado por ALGUIEN que me indique que hacer. Caminé junto a ella hacia la camioneta y noté que através del polarizado Kevin se encontraba mirando a donde nosotras nos encontrámos. Al momento que se percato de mi mirada, corrió la suya y miró hacia adelante lleno de enojo.

Nati: No Ro. Ya tomé mi decisión, no es momento de arrepentirse. No puedo hacerlo.

Dije, al momento que mis ojos se llenaban de lágrimas. Sabía que todo aquello estaba en mis manos, tanto mi bienestar como lo que yo concideraba su dolor. Era cuestión de tiempo. Dicen que el tiempo lo cura todo, y yo apostaba todas mis fichas a eso.

Ro: ¿Estás segura?

Nati: La verdad que no.

Dije en voz baja, no estando orgullosa de aquella inconstancia por mi parte. No podía... no debía... no quería alejarme. Sin embargo, iba a hacerlo. Sin decir más nada la abracé a mi amiga y apuré el paso para irme lejos de allí.

Cuenta Ro:

Me daba tanta lástima por la etapa que estaba pasando Nati. Apesar de haberme contestado muy mal aquella mañana, sabía que era a causa de su malestar, no podía enojarme con ella. Creía fuertemente que se estaba equivocando pero no podía hacer nada para persuadirla, ni iba a intentarlo. Era su decisión. Sin pensar más en ella, realicé los pasos que me separaban de la camioneta al momento que, junto antes de que apollara la mano en el picaporte, esta se abría y dejaba ver la brillante sonrisa de Joe dentro.

Joe: Subí.

Dijo, al momento que yo lanzaba mi mochila a sus brazos y entraba en la camioneta que ya conocía muy bien. En esa oportunidad estaba más vacía que de costumbre. Claro estaba, Nick iría directo del hospital y que los padres de ellos iban a acompañarlo. Manejando se encontraba Rob y a su lado Kevin, quien no emitió ni una sola palabra en todo el camino. Detrás de ellos, Joe estaba en la segunda fila de asientos y Frankie dormía tiernamente en la última. Yo, claro estaba, me senté al lado de Joe. Fuimos a comer a un restaurant cerca del aeropuerto, donde se comía muy bien. Intentamos que nuestros temas de conversación no rondaran ni la palabra NICK ni Nati. Se notaba que Kevin estaban molesto, o mejor dicho, que intentaba esconder su tristesa detras de una máscara de enojo. Antes de lo que yo hubiera deseado, aquella comida ya había terminado y nos encontrabamos caminando con las valijas en la mano por los brillantes pisos de Ezeiza. Los acompañé hasta donde me fue posible hacerlo, y allí, una vez más, comenzaba nuestra despedida.

Ro: Parece que nos vamos a tener que ir acostumbrando a separnos.

Joe: Por menos odio ser tan nómade. Me gustaría quedarme a vivir acá, con vos.

Ro: Pero no se puede. Se que me cuesta vivir sin vos, pero eso hace que cada vez que nos volvemos a ver no pierda esa... magia que tiene le verte.

Dije, al momento que me sonrojaba un tanto avergonzada por lo cursi de mis frases. Bajé la mirada e intenté que el no notara en mis ojos la tristeza que me causa el verlo irse una vez más. Apenas unos segundos luego de quitar mi mirada de sus ojos, él acomodo su dedo índice en mi mentón y me obligó a mirarlo directo a sus pupilas.

Joe: A pesar de la distancia, nada va a cambiar lo que siento por vos. Y voy a estar eternamente agradecido por lo todo lo que haces por mí. Hasta lo que haces sin darte cuenta.

Ro: No me lo agradescas, por que no es la gran cosa. Yo siempre voy a estar agradecida por que estes hoy acá y me quieras como me queres.

Dije, lanzándome a sus brazos sin intenciones de separme hasta la siguiente década. Me había prometido no llorar, aunque me fue imposible. En aquellas ocaciones las lágrimas no se separaban de mí.

Rob: Joe, nos tenemos que ir.

Dijo, y odié sus palabras.

Ro: Te amo.

Ya no me causaba verguenza decir esas dos palabras.

Joe: Creo que no hace falta que me te diga que yo también.

Ro: Sí, hace falta.

Dije, queriendo escuchar aquello salir de su boca. Entonces, acomodando una de sus manos en el hueco de mi espalda y atrayendome más a su escultural abdomen, expreso lenta y seductoramente...

Joe: Te amo más que a nada.

Podía sentir sus palabras rosando mi rostro al momento que su olor me llenaba de pies a cabeza. Sin decir nada, extinguí los escasos centímetros que nos separaba en un perfecto y melancólico beso de despedida.

No hay comentarios:

Publicar un comentario