Cuenta Nati:
Lentamente, la persona que más problemas nos había traído a Nick y a mí esos últimos días se encontraba enfrente mío.
Chloe: Vos debés ser la famosa Natalia.
Kevin: Basta Chloe.
Dijo él, intentando con las pocas fuerzas que tenía detener la tercer guerra mundial.
Chloe: Basta nada, Kevin. ¿Cómo tenés cara de aparecerte por acá?
Por lo visto no andaba con rodeos e iba directo al grano. No podía creer lo que estaba escuchando.
Nati: ¿Disculpa?
Conté hasta diez para no pegarle en el medio de la nariz.
Chloe: Sí, como lo escuchaste. Como no tenés vergüenza de venir cuando por tu culpa Nick está como está.
Sabía que sus palabras estaban llenas de necedad, pero no podía evitar sentir un dolor punzante en el estómago al escuchar todas aquellas acusaciones. Yo no respondí a lo que ella me decía, simplemente escuché y la miré desafiante.
Kevin: Ella no tiene la culpa de nada.
Kevin se había puesto entre nosotras y evitaba que yo pudiera abalanzarme y descargar toda mi furia sobre ella.
Chloe: ¿Qué no tiene la culpa de nada? ¿Escuchás lo mismo que decís? ¿O estar enamorado de ella no solo te deja ciego sino que sordo también?
De su boca salía una hemorragia interminable de palabras lastimosas. Tanto Kevin como yo nos habíamos quedado sin palabras, mientras ella se sentía satisfecha de dejarnos sin habla como signo de que tenía razón. En menos de unos segundos, Joe se había parado de su asiento y se había puesto delante de Chloe.
Joe: ¿No crees que no tenemos suficientes problemas como para que vengas a traer más? Si nos querés hacer un bien, andate.
En cualquier otro momento, Joe le hubiera gritado más que nadie, pero por lo visto todo lo que había pasado lo tenían con las defensas bajas. Hablaba calmadamente, a diferencia de Chloe quien a cada minuto se alteraba más.
Chloe: ¿Qué me valla? Pero si ella tiene la culpa de todo. Si no las hubieran conocido ni a ella ni a su amiguita, nada de esto hubiera pasado. Ni siquiera hubiesemos venido a este mugroso país.
Ya me había cansando de todas sus calumnias. Había intentado contenerme, simplemente por el hecho de tener un poco de respeto por el dolor no solo de Joe y de Kevin, sino también de todos aquellos que estaban en la sala de espera, tan o más afligidos que nosotros. Sin embargo, todo tenía su límite y yo no soy una persona muy tranquila.
Nati: Pero, ¿quién te crees que sos? No te das cuenta que no tenés respeto por nada. Si queres decirme algo, decímelo donde a la única que afectes es a mí ¿No te das cuenta que la que está de más acá sos vos? Mirá como te mira la gente, sos una inmadura, y mejor andate antes de que te saque uno por uno todos los pelos que tenés en la cabeza.
Por lo visto no se esperaba que yo le contestara, así que no respondió nada a lo que yo le dije.
Joe: Vamos Chloe.
Dijo Joe cortante, al momento que la tomaba del brazo y la sacaba lejos de allí. No sabía a donde la había llevado y tampoco me importaba, con él simple hecho de tenerla lejos me bastaba.
Cuenta Ro:
Llegué aquella tarde a mi casa y realicé mi rutina como de costumbre. Todo era normal, nada salia de lo esperado. Tenía mucho tiempo libre, y odiaba tenerlo. No porque fuera una chica hiperactiva, sino porque tener la mente en blanco hacía que no dejara de pensar en Joe. Quizá en otro momento no me hubiera molestado pensar en él, pero ahora que estabamos distanciados, no me gustaba mucho. Ahora, que tenía la mente más en frío, sabía que había tenido un ataque de celos y que no valía la pena estar discutiendo por terceros. Decidí llamarlo, pero para mi mala suerte, nadie respondió el teléfono. Según lo que me había contado Nati estaban en viaje hacia Buenos Aires así que quizá no tenían señal. Para despejarme un poco, prendí la tele y empecé a hacer zapping. En un noticiero, una noticia llamo fuertemente mi atención. Al escucharla con detenimiento el corazón se me detuvo. Algo tenía que estar mal. No podía ser. Con las manos temblorosas, tomé mi celular e intenté llamarla a Nati. No obstante, ella fue más rápida y comenzó a llamarme antes que yo a ella.
Ro: Nati, ¿Qué pasó? Acabo de ver las noticicias y…
Nati (interrumpiendo): No sé muy bien. Estamos en el hospital Fernandez, por favor, vení lo antes posible.
No desperdicié más tiempo allí y le supliqué a mi papá, casi en una orden, que me llevara hasta allí. Claro está, tratandose de un tema tan delicado, él no pudo negarse. Tardamos un poco en llegar, por mala suerte, no me quedaba muy cerca el hospital. Al llegar, tal y como lo había visto en la tele, la puerta estaba lleno de reporteros, no solo de nacionalidad argentina, sino que de otros países también. Como pude me hice paso entre aquella ola de insaciables periodistas hasta que finalmente pude entrar sana y salva al edificio. Caminé largos pasillos, dejándome guiar por distintos carteles hasta llegar a mi destino. Pase un gran umbral hasta llegar a la sala de espera de terapia intensiva. Allí, sentados, los pude ver a Kevin y a Nati. Sus caras reflejaban todos sus sentimientos, y no eran muy buenos que digamos.
Ro: Me costó un montón llegar.
Nati: Sí, te vimos en la tele.
Dijo al momento que señalaba un pequeño televisor ubicado por sobre el umbral que acababa de atravezar. Mi sueño siempre había sido salir en la televisión, pero nunca en aquellas circunstancias.
Ro: ¿Cómo estas, Kev?
Pregunté al momento que me acomodaba en cuclillas, más como una formalidad, ya que sabía muy bien la respuesta.
Kevin (cambiando de tema): Gracias por venir, Ro.
Dijo cuando yo me ponía a sus alturas y él lograba abrazarme. Me di cuenta, que no era el momento oportuno para hablar de aquel tema.
Ro: ¿Dónde está Joe?
Realmente me preocupaba muchísimo su estado.
Nati: Se acaba de llevar a Chloe lejos de acá, no sé a donde.
Ro: Bueno, lo voy a ir a buscar.
Dije al momento que me daba cuenta que Kevin y Nati tenía mucho que hablar y que yo estaba de más allí. Salí por donde había entrado y empecé a buscar por todos lados donde podría estar Joe. Caminé largos minutos, hasta que llegué al lugar donde se encontraba. Por sobre la puerta se podía leer “capilla”, y me sentí una idiota al no darme cuenta que podía estar allí. Arrodillado frente a la figura de una virgen, no se había percatado de mi presencia.
Ro: Joe…
Dije al momento que me sentaba a su lado. Él no dijo nada, simplemente se avalanzó sobre mí y me dio el más profundo de los abrazos.
Joe: Te necesité tanto…
Ro: No te preocupes, ya estoy acá.
Dije sinceramente al momento que sentía que sus lágrimas se derramaban sobre mi hombro.

No hay comentarios:
Publicar un comentario