lunes, 23 de febrero de 2009

Capítulo 114

Cuenta Ro:

El viernes por la mañana pretenía dormir bastante, así estaba lo mejor posible a la noche. Sin embargo, mis planes fueron interrumpidos. Una caricia sobre mi mejilla me hizo estremecer y despertar casi al instante. Abrí los ojos y no me sorprendió la imagen que vi a mi lado.

Ro: Hola Joe.

Dije al momento que me erguía aún sentada en la cama. Lo miré unos segundos a los ojos y lo saludé con un corto beso en los labios.

Ro: Pasó algo?

Miré el reloj y mis ojos se fueron de sus órbitas. Las nueve de la mañana?

Joe: No, quería saber si habías hablado con Nati.

Y tiene que ser a esta hora?

Ro (bostezando): Sí, por un momento pensé que no iba a aceptar.

Joe: Y lo hizo?

Preguntó un tanto sorprendido.

Ro: Sí. Vos les dijiste a tus hermanos?

Joe: Sí, Nick no me respondió todavía, no sé si va a venir.

Aunque no esperaba que el fuera a cancelar, quizás lo mejor iba a ser que no viniera.

Ro: Vos pensás que no va a venir?

Joe: No lo sé. Hoy sabremos. Bueno, perdón que te desperté, es que me quería despedir antes de irme a filmar.

Ro: Ya te vas?

Dije con un tono de desepción en mi voz.

Joe: Perdón, hoy tengo un montón de cosas que hacer. A las seis te paso a buscar, esta bien?

Sonrió tan contagiosamente que no pude evitar hacerlo yo también.

Ro: Está bien. Hasta entonces.

Tomé su rostro entre mis manos y choqué mis labios contra los suyos. La colisión duró apenas unos segundos. Al separarme, noté que su sonrisa había crecido aún más y ahora ocupaba toda su cara.

Joe: No seas así!

Lo miré sorprendida.

Ro: Así como?

Joe: Si seguis así, no me voy a querer ir nunca más.

Mis mejillas se tiñeron de un tenue color rosado.

Ro (sonriendo tímidamente y bajando la mirada): Perdón.

Ahora era él el que sostenía mi rostro entre sus manos y me obligaba a mirarlo directo a los ojos.

Joe: Bueno…

Me dio un corto beso.

Joe: Me…

Otro beso.

Joe: Voy.

Otro beso.

Joe: Chau.

Esté ultimo beso fue un tanto más largo que todos los anteriores. Al serparnos, y sin decir una palabra más, Joe se levantó y se dirigió hacia la puerta. Antes de desaparecer tras ella, me dedicó un tierno saludo con la mano, y finalmente se fue. Apollé mi cabeza suavemente en la almohada una vez más y di un pequeño suspiro. Era algo imposible de creer, como mi vida había dado una vuelta tan brusca. Antes de poder pensar mucho más, el sueño me venció.

Cuenta Nati:

El viernes me levantó el despertador cerca de las diez de la mañana. Realmente no era una de esas personas que les gustara madrugar demaciado, pero era consciente que tenía que hacer el bolso y dejar todo listo antes de irme. Era por eso, que prefería sacrificar unas horas más de sueño y después quedarme tranquila. Me levanté con desgano de la cama y me dirigí, aún en pijama, al baño. Hice mis tareas matutinas allí y salí lentamente. Al pasar por el cuarto de mi primo, pude escuchar el sonido ocacionado por la televisión. Era claro, que hoy no había ido al colegio. Era bueno saberlo. Entré nuevamente a la habitación y me dispuse a organizar todo. Al empezar, me dí cuenta cuanta razón había tenido en empezar temprano, ya que aquello me iba a llevar un tiempo largo. Por un lado, la mayoría de la ropa tenía que doblarla y ordenarla un poco antes de buscarle su lugar dentro de la valija. Sin embargo, aquello no era lo que más hacía que tardara en armar el bolso, sino la melancolía que me invadía a encontrarme con ciertos objetos. La primer prenda que me hizo detener, fue un buzo. Cerré los ojos, y recordé, como él había sido uno de mis primeros contactos con los hermanos que había cambiado mi vida. Olí la tele suavemente, sólo para llegar a la conclusión que todavía tenía el perfume de Joe impregnado. Recordé, con una sonrisa en el rostro, todo lo que había pasado esa tarde, en el hotel en Disney. De un momento al otro, quité el abrigo de mi nariz y me dispusé a doblarlo. Si pretendía terminar antes de abril, tenía que empezar a hacer las cosas con más agilidad. Al llegar el mediodía, recien iba por la mitad de la valija. Realmente me dispersaba con gran facilidad. Estaba guardando uno jeans, cuando un golpe en la puerta llamó mi atención.

Nati: Pasá Mike!

La puerta se abrió lentamente, sólo para dejarme ver la cara de dormido de mi primo, aún en su pijama. Lo miré desde el piso, donde me encontraba desde hacía ya largo rato.

Mike: Venía a avisarte que no fui al colegio y que la comida va a estar lista en un rato.

Nati: Esta bien. Después te voy a tener que pedir prestada la computadora porque tengo que hacer el check-in de los vuelos.

Luego de haber dicho eso, un silencio invadio la habitación. Pensando que se había dado por finalizada la conversación, seguí con la tarea que había ocupado mi tiempo toda la mañana. Luego de unos minutos, al no escuchar la puerta cerrarse, levante la vista y noté que me primo no se había movido de su lugar.

Nati: Qué pasa?

Mike: Es que no quiero qe se vallan.

Lo había dicho de una forma tan tierna, que un pequeño escalofrío recorrió mi cuerpo. Hacía ya varios días que no lo veía tan melancolico. Quizás, él siempre había tenido la falza esperanza de que todo volviera a ser como antes con Ro y eso era lo que le había dado fuerzas para seguir adelante. Sin embargo, al ver que definitivamente nos íbamos, la angustia lo invadió repentinamente. Me paré lentamente, intentando evitar pisar alguna de todas las prendas y objetos que cubrían el piso de la habitación. Me acerqué a Mike y lo abracé fuertemente.

Nati: Te prometo que nos vamos a volver a ver. (Separándome de él y sonriendo) Yo sé que sí.

Mike sonrió levemente, más por darme el gusto a mí que por felicidad.

Mike: Ya lo sé. Igual no estoy mal eh! Pero… simplemente…yo… bueno no importa, me voy a terminar de hacer la comida.

No pude evitar seguir sonriendo, después de todo aquello que decía. Si bien su orgullo no lo dejaba demostrar la verdad, yo sabía muy bien que estaba triste. Antes de que pudiera irse, mientras abría la puerta de la habitación, le llamé la atención.

Naty: Hey Mike! Vamos, que te ayudo a hacer la comida.

Seguido de esto, dejamos detrás el desastre que se había transformado la habitación, que en lugar de estar más ordenada, estaba cada vez más parecida a un caos.

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