Cuenta Ro:
Salí como pude de alquel lugar y ví bastante gente por todos lados. Por lo visto, todos los que habían salido del recital todavía no se habían ido. Estaba pensando como hacer para encontrar a Mike, cuando, como si me estuviera leyendo la mente, me mandó un mensaje.
Mike: Te estoy esperando a dos cuadras del canal.
Seguido de eso se encontraba la dirección exacta donde se encontraba. Busqué alguna señalización que me indicara para donde ir. Por suerte no se me hizo muy difícil y lo encontré enseguida. Entré en su auto y me senté en el asiento del copiloto. Sin decir nada, Mike emprendió el camino de regreso.
Ro: Hablaste con Nati?
Mike: Si…
Dijo de manera cortartante. No pregunté más nada. Por un lado notaba su hostildad, por el otro, mi cabeza era, una vez más, un torbellino. No tenía ni intención, ni ganas, ni fuerzas para sostener una conversación coherente. Por otro lado, me llamaba fuertemente la atención que no me preguntara por qué no había estado esperandolo, ni en dónde había estado. Sin embargo no dije nada y sin decir ni una palabra, llegamos a la casa. Mike guardó el auto en el garage y ambos bajamos camino a la casa. Llegamos al pasillo y antes de entrar al cuarto empecé a despedirme de Mike, aunque éste me interrumpió.
Mike: Podemos hablar?
Lo miré detenidamente, algo en sus ojos no comprendía. No me miraba con dulzura, algo más había en ellos. Dude un instante.
Ro: Si. Esperá que quiero ir al baño.
Mike: Te espero en el cuarto.
Lo perdí de vista tras cerrar la puerta del baño. Me miré en el espejo y noté que tanto dolor se reflejaba en mi rostro. Mike lo habría notado? De qué querría hablar conmigo? Me lavé un poco el rostro y salí del baño. Me paré un segundo frente a la puerta, tomé fuerzas y entré al cuarto. Mike estaba sentado en mi cama, dándome la espalda. Era tal su tamaño que no podía ver con claridad qué era lo que lo tenía tan entretenido. No le dí demaciada importante. Me paré a unos metros de él y empecé la conversación.
Ro: De que querías hablar?
Por lo visto no me había escuchado entrar, y cuando hablé se levantó de un golpe. Miré, entonces con claridad, que era lo que lo tenía entretenido. Me quede boquiabierta y esperé.
Mike: Esto quiero que me expliques…
Dijo al momento que me señalaban en una serie de tarjetas que había esparcidas sobre la cama. Cinco tarjetas para ser exacta. No sabía que hacer, que decir.
Ro: Pero? Estas revisando mis cosas?
Mike: Es importante eso ahora? EXPICAME, PORQUE ESTOY CANSANDO DE HACER EL PAPEL DE IDIOTA!
Se estaba empezando a alterar. Nunca lo había visto de esa manera, me daba miedo como pudiera reaccionar. Me quede callada, no sabía que decir.
Mike: Tan estupido te parezco? Te pensas que no me doy cuenta como te trata Joe? Como VOS te pones cuando él esta cerca? Me subestimas, sabes?
Mi corazón había empezado a latir con fuerza. Sin darme cuenta me fui acercando a Mike.
Ro: No te mereces que yo te haga esto, perdoname. Te juro que…
Mike (interrumpiendo): Me juras qué? Que estuviste jugando conmigo desde el primer momento? Eso me juras?
Tenía razón en estar enojado conmigo. Mi deber era decirle las cosas desde un principio, y fuera por la razón que fuera, nunca le había dicho la verdad. Mis ojos se llenaron de lágrimas.
Ro: Lo intenté, lo juro…
Ya está. Las lágrimas habían aparecido nuevamente. Con cada palabra, con cada grito las lágrimas salían con más ganas, con más fuerza. Había llegado al punto que las cataratas del Ñagara era una pequeña lluvia al lado de mi rostro.
Mike: DEJA DE JURAR, PORQUE TU PALABRA YA NO TIENE VALOR PARA MÍ!
Me acerqué aún más y quise poner mi mano sobre su rostro. Quería calmar toda esa mezcla de furia y dolor, pero él no me lo permitió.
Mike: Alejate! No me toques!
Mike había empezado a llorar. Nunca lo había visto así. Su orgullo nunca me había permitido verlo tan devastado. Todo era mi culpa.
Mike: Por lo menos te divertiste? Tanto mal, valió la pena?
Perdón? De que me perdí?
Ro: No te entiendo…
Mike: Te pensas que me creo esa imagen que te creaste de María Teresa de Calcuta? Sé muy bien que estabas con los dos a la vez. Qué le decías a él? O él es un complice de todo esto? Te compró todo lo que querías?
Ro: Perdón? No tenes ni idea de lo que estas hablando…
Antes lo entendía, pero ahora no tenía justificatorio. No tenía ni la menor idea de lo que me estaba diciendo. Del peso de cada palabra.
Mike: Ah no? Te pensas que no conosco a las de tu tipo? Primero te parecí yo un buenp artido, pero luego lo encontraste a él, con fama y dinero. Pero no te querías quedar sin el pan y sin la torta no?
Qué? De qué me hablaba? Cada palabra la sentía como un puñal. No pensaba en todo lo que me estaba diciendo, en el resultado de cada insulto. Él se había empezado a acercar, amenzante. Pero ya no le tenía miedo. Podía ser enorme físicamente, pero mi odio era mayor.
Ro: Por lo visto no me conoces nada…
Mike: Te conosco lo suficiente, y después de lo que ví hoy…
Ro: De lo que viste hoy?
Mike: Te ví con Joe. Por suerte abrí los ojos a tiempo. No quería desperdiciar más tiempo en una…
Hizo silencio y no continúo.
Ro: UNA QUÉ?
Estaba casi rozándolo, la ira se estaba apoderando de mí. No iba a dejar que me despreciara de esa manera.
Mike: UNA PUTA!
No podía aguantarlo más. No iba a soportar que me faltara el respeto de esa forma. Podía entender que me odiara, que no quisiera verme más, pero no iba a permitir que me insultara tan descarádamente. Sin pensarlo y como signo de todo mi odio, mi desepción, le pegué una cachetada. Como consecuencia del impulso que había adquirido mi mano, el ruido seco se hizo escuchar. No podía aguantar estar allí, mirando a los ojos a un desconocido. Dejándome basurear por una persona que no valía la pena. Una persona que nunca la valió. Me dí vuelta, tomé mi cartera y salí lo más rápido posible de aquella habitación. Corrí escaleras abajo y salí de la casa. Corrí, corrí unas cuantas cuadras, hasta que sentí que los pulmones se me iban a salir por la boca. Quería escapar, escapar de las consecuencias de mis errores.

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