martes, 24 de febrero de 2009

Capítulo 136

Cuenta Ro:

Llegamos al final de la calle mirando con detenimiento cada uno de los puestos para elegir lo más lindo que pudiéramos encontrar. Tenía que admitir que para los regalos Joe siempre había sido muy atento conmigo y con su madre era igual.

Joe: Me gustó este…

Dijo levantando un pequeño adornito donde se podía apresiar las figuras de dos personas bailando tango en las calles de Buenos Aires. Se podía ver con claridad la frase “Recuerdo de Buenos Aires, Argentina” y a mí, personalmente, me gustaba mucho.

Ro: Sí a mí también me gusta.

Dije, totalmente enternecida por el gesto de Joe hacia su mamá.

Joe: A vos te gusta?

Preguntó Joe y fue allí que me di cuenta que ya no nos encontrábamos solos. Seguí su mirada y me encontre con Nick, a mis espaldas.

Nick: Sí, que se yo.

Dijo él, sin darle mucha importancia.

Joe: Seguro? Porque sino…

Ro: Está lindo, dale compralo.

Dije, dándome cuenta que si empezaba a dudar entre comprarlo o no, no nos iríamos más de allí. Unos minutos más tarde, una sonrisa de satisfacción se dibujaba en todo el semblante de Joe. Los tres juntos, habíendo terminado todo lo que teníamos que hacer nos dispusimos a buscar a Kevin y Nati antes de que se llenara más de gente y nos fuera imposible encontrarlos.

Joe: Allá están.

Dijo al momento que Nati aparecía del brazo de Kevin, ambos sonriendo y hablando de cosas que no podíamos oir. Por lo visto, ellos también nos estaban buscando a nosotros. El primero en romper el silencio que se había formado a nuestro encuentro, fue Joe.

Joe: Me estoy muriendo de hambre.

Dijo él, haciendo oir lo que todos pensabamos y sentíamos.

Kevin: Vamos llamando a Aaron?

Concluyó Kevin, tomando el celular y mandando un mensaje.

Nick: Igualmente no sabemos a donde ir…

Nati: Vamos a Puerto Madero.

Dijo Nati, y al instante me dí cuenta que, si bien podría ser una buena idea, no traía tanta plata como para poder ir a comer allí.

Ro: Sí, puede ser. Pero Nati acordate que no tenemos tanto para gastar.

Joe: Pero eso no es problema…

Dijo al momento que pasaba su brazo izquierdo por sobre mis hombros mientras caminabamos hacia el encuentro con la camioneta que nos llevaría hacia nuestro próximo destino.

Nick: Nosotros las invitamos.

Estaba segura que iban a querer invitarnos, pero simplemente no me sentía comoda dejando que ellos pagaran todo, por más de que tuvieran todo el dinero del mundo.

Cuanta Nati:

La miré por un sengundo a Ro y me di cuenta que ella se sentía como yo. A mí tampoco me hacia mucha gracias que ellos tuvieran que invitarnos a todos lados. Pero es que simplemente nosotras no podíamos seguir su ritmo de vida.

Ro: Bueno esta bien.

Dijo Ro, por no hacer más historia de lo mismo.

Nati: Pero tampoco queremos que nos paguen todo…

Kevin: Pero…

Nati (interrumpiéndolo): Si, ya se, “a ustedes no les cuesta nada”…

Dije citando aquella frase que tantas veces antes había escuchado antes.

Ro (siguiendo lo que yo quería decir): Pero tampoco puede ser que siempre sean ustedes los que tengan que gastar.

Ellos no dijeron nada, sabían que ambas eramos muy tercas y que no ibamos a aceptar lo que dijeran. Casi al instante que llegamos a la esquina, divisamos que se acercaba la camioneta de los chicos. En apenas unos segundos, ya nos encontrábamos nuevamente en su interior, dirigiéndonos hacia Puerto Madero. En aquella oportunidad, habíamos mantenido nuestros lugares anteriores.

Kevin: Pero bueno, cuenten un poco que es Puerto Madero (léase Puertou Maderou).

Dijo seriamente mirándome a los ojos y no puede contener una pequeña risotada a causa de su falta de pronunciación. Él se encongió de hombros un poco avergonzado, y yo no pude evitar sentir un poco de pena por él.

Nati: Puerto Madero es uno de los barrios más nuevos de Buenos Aires.

Ro: Es uno de los más modernos y además se come muy bien en los restaurants de allí.

Habíendo dejando todos las dudas que supimos responder en claro, dado que no eramos guías turísticas, nos pusimos a hablar de distintos temas sin mayor importancia. Cuando estuvimos llegando, el copiloto de la camioneta se dio vuelta y pudimos ver un rostro familiar que nos hablaba. Era Aaron, que quería saber a donde iríamos a comer.

Ro: A dónde te gusta Nati?

Nati: Emmmm, allá?

Dije señalando uno de los restaurants que se encontraba a apenas unos metros.

Ro: Bueno dale.

Le mostramos a Aaron a donde queríamos ir, y él nos llevó sin ningun problema. Llegamos y bajamos en la puerta. En la entrada se podía un enorme cartel de madera donde recitaba “RODIZIO” en letras grandes. Entramos y al momento nos sentamos.

Ro: Bueno, esto es un tenedor libre, así que vamos a tener que levantarnos a buscar la comida.

Parece que al escuchar la palabra “tenedor libre” un brillo especial apareció en los tres pares de ojos de aquellos que nos acompañaban.

Kevin: Nos separamos en dos grupos? Así no dejamos las cosas solas acá en la mesa.

Lo miré a Kevin y no supe decir si en Estados Unidos se manejaba de aquella manera, o ya se estaba acostumbrando al estilo de vida argentino.

Joe: Yo voy en el primer grupo.

Dijo Joe, sin apenas dejar que los demás hicieran otro comentario. Por lo visto, era el más hambriento de todos.

Joe (siguiendo): Venis Ro?

Dijo al momento que acomodaba tiernamente su manos sobre la de ella. Como un autoreflejo, Ro lo miró a los ojos y sostuvieron la mirada por unos instantes. Sin decir nada, se decían todo. Era tan envidiable y a su vez reconfortante verlos juntos.

Ro: Sí, vamos.

Dijo, aún un poco atontada, al momento que ambos se levantaban de la mesa. Sin dejar pasar más de unos segundos, yo me levanté también. No era que tuviera tanto hambre que no pudiera esperar a la próxima ronda, pero sabía que me iba a sentir de lo más incómoda si me quedaba en la mesa con Nick y con Kevin.

Nati: Les molesta si…

Kevin: Para nada, andá.

Dijo Kevin, anticipándose a lo que yo iba a decir. Por no quedarme atrás, me apuré y dejé la mesa rápidamente. Tomé un plato vacio, y me dispuse a llenarlo con un poco de esto y de aquello. Cuando hube terminado, casi al mismo momento que Joe y Ro, volvimos a la mesa. No podía evitar sonreir a causa de los comentarios de Joe. La mayoría de las comidas las conocía, pero otras no, y era muy divertido escuchar su pronunciación con palabras, para nosotras, comunes y corrientes.

Joe: Te juro que no entiendo como algo tan rico tiene un nombre tan complicado.

Dijo, ya que en el camino ya había estado probando algunas de las cosas que se había servido. Con Ro, nos fue imposible no reir a causa de sus comentarios. Sin embargo, mi alegría termino al llegar a la mesa. Por alguna razón, que prefería no pensar, las dos personas que se encontraban en la mesa, apenas si se miraban. El ámbiente entre ambos se podía cortar con un cuchillo, y ninguno de los tres recien llegados, podíamos adivinar qué había pasado. Lo único que esperaba, era que no fuera uan de aquellas peleas que habían tenido cuando nosotras estábamos en Los Ángeles.

No hay comentarios:

Publicar un comentario