martes, 24 de febrero de 2009

Capítulo 157

Cuenta Nati:

Cansada de esperar por algo que nunca iba a llegar, cansada de hacer el papel de estúpida, me levanté de mi cómodo asiento y empecé mi camino hacia la puerta antes de hacer el ridículo y ponerme a llorar delante de tanta gente. Al momento que hacía dos o tres pasos lejos de mi mesa, mi celular interrumpió mi marcha, haciendo que dejara de caminar.

???:They come and go but they don’t know that you are my beautiful.

Miré la pantallita externa inútilmente, ya que sabía con seguridad de quien era la llamada que estaba recibiendo. Su nombre escrito en el pequeño aparatito, hizo que las ganas de llorar se hicieran más. Sabía exactamente su discurso, sus excusas, lo sabía todo de memoria. Ya era una rutina creer en sus mentiras, y estaba cansada. “Se terminó” pensé por dentro al momento que rechazaba la llamada. Al levantar la mirada, escuché una conversación que sucedía a mi lado.

Señor (dirigiéndose al mozo): ¿Disculpe podría subir el volumen del televisor?

Fue entonces que mi atención se clavo en el titular escrito con letras enormes y mi corazón se detuvo. Al leer “MUERTE EN LA RUTA 9”, decidí sentarme y escuchar con más detenimiento.

Periodista: Terrible accidente en la ruta 9 provocado por el temporal de anoche, causó la muerte de dos asistentenes de la conocida banda Jonas Brothers. Este accidente no solo trajo como consecuencia el muerte de estos hombres de nacionalidad estadounidense, sino el terrible estado de salud del menor de los integrantes de la banda, Nick Jonas, quien estaba a bordo de la camioneta. Explican allegados al grupo, que tenían que volver cuanto antes a Buenos Aires desde Córdoba, y eligieron este medio de transporte ya que todos los vuelos se habían cancelado a causa de la neblina. Se cree que la camioneta en el que el adolescente de 15 años estaba, volcó a causa de la velocidad que llevaba y la poca visibilidad. Ampliaremos.

A estas alturas, las lágrimas ya estaban saliendo a borbotones y no podía detenerlas.

Mozo: ¿Estás bien nena?

Dijo la persona que se venía preocupando por mí desde hacía ya largo rato. Su preguntá hizo que saliera temporalmente de mi estado de shock y salieran corriendo hacia la puerta. Él miedo me había invadido de un momento a otro. Simplemente no podía ser verdad, tenían que estar mintiéndome. Al momento que el aire frío golpeó mi cara, despejé un poco mi mente y noté que mi celular no dejaba de vibrar en el bolsillo de mi campera. Me desesperé de un momento a otró, y ver su nombre en la pantalla externa hizo que me tranquilizara un poco. Yo sabía que todo estaba bien, que tenía que haber sido una equivocación.

Nati: NICK, NICK. ¿CÓMO ESTÁS?

Pregunté al momento totalmente agradecida de su llamado. Sin embargo, la voz que escuché a continuación era muy lejos de ser la de Nick, e hizo que el miedo volviera a alojarse en mi pecho.

???: Soy Kevin, Nati.

No me gustaba para nada su tono de voz. Cualquiera, lo conociera a Kevin o no, al escucharlo se hubiera dado cuenta que había llorado montones y que todavía lo hacía. Del solo hecho de pensar que… NO, NO, no podía pensar en eso. Tenía que ser una broma de mal gusto, me negaba a creer en eso. Kevin no había vuelto a abrir la boca, quizá él estaba mucho más asustado de lo que yo lo estaba.

Nati: Por favor Kevin, decime que no pasó nada, que Nick está ahí con voz. Por favor.

Decir aquello hizo que mis ojos volvieran a cristalizarse, hasta el punto que las lágrimas caían por cuenta propia.

Kevin: Veo que ya viste las noticias. No… no puedo hablar demaciado… por favor, estamos en el hospital Fernandez.

La voz de Kevin se entrecortaba al hablar y yo sentía que me iba a desmayar allí mismo.

Nati: Ya salgo para alla.

Saqué fuerzas de donde las tenía, y tomé un taxi al momento que salía del predio del hotel.

Taxista (ni bien yo subía a su vehículo): ¿A dónde la llevo?

Nati: Hospital Fernandez.

Dije, esperando que él supiera con exactitud la dirección. Por suerte, sin decir más, arrancó el auto y nos dirigimos hacia la clínica. No podía evitar temblar del solo hecho de pensar que… BASTA! No, tenía que pensar en otras cosas. Nick iba a estar bien, era un susto nada más. Todo el camino hacia allí, lloré todo lo que pude. Sabía que cuando llegara tenía que ser fuerte. Fuerte no por mí, sino por Joe y por Kevin, quienes iban a necesitar un hombro en el cual apoyarse, y no más problemas. Tardamos sólo algunos minutos en llegar. Le pagué al conductor lo que él me exigía y bajé camino al gran edificio de color blanco que se imponía frente a mí. Como era de esperse, la puerta estaba colmado de periodista que me hicieron el paso imposible. Para mi mayor mala suerte, ellos me reconocieron como “la argentina que conquisto el corazon de…” y me acribillaron a preguntas. Con las pocas fuerzas que aún me quedaban que me hice paso hacia el interior hasta que por fín logré mi cometido. En la recepción, pregunté dondé quedaba terapia intensiva y me dirigieron allí con gran rapidez. Caminé por un pasillo enorme, hasta llegar a un lugar, aún más grande, donde se podía leer claramente “Terapia Intensiva” con letras negras. Al entrar allí, vi que Joe y Kevin se encontraban sentando en un sillón rodeados de gente que con conocía, sin contar a Aaron y a Rob. Al momento que Kevin me vio llegar se paró de un salto y se dirigió con gran velocidad a donde yo me encontraba. Al momento que llegaba a mi lado, me abrazó con fuerza y lloró desconsoladamente en mi hombro.

Kevin: Gracias por venir.

Nati: ¿Estás loco? ¿Cómo no iba a venir? ¿Qué pasó Kevin? Por favor, decime que no es nada grave.

Sabía que era totalmente incoherente lo que decía, dado que estabamos en terapia intensiva. Antes de que pudiera decir nada, una muchacha de tes clara y pelo castaño oscurose paró a nuestro lado al momento que me miraba disafiante. En sus ojos podía ver la iría que invadía todo su ser.

Chica: Vos debés ser la famosa Natalia.

No me gustaba para nada la manera en que había dicho “LA FAMOSA NATALIA”.

Kevin: Basta Chloe.

Dijo Kevin, haciendo que yo pudiera saber quien era aquella joven. Sabía con exactitud, que todo aquello no podía terminar bien.

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