martes, 24 de febrero de 2009

Capítulo 132

Cuenta Ro:

Abrí la puerta de mi casa y me quedé estática sin lograr cruzar el umbral de la puerta. Hubiese esperado encontrar a mi mamá allí, o en defecto a mi papá, pero nunca hubiera esperado ver a la persona que se encontraba en el comedor de mi casa. Al escucharme entrar, se dio vuelta en su lugar y me miro fijo a los ojos. Simplemente no podía creerlo. Refregué mis ojos una y otra vez, hasta que llegue a la conclusión de que no estaba soñando. Él, tan imponente y radiante como yo lo recordaba, se levantó y se quedó parado al lado de la silla. Sin perder más tiempo me abalancé sobre él y lo abracé sin apenas dejarlo respirar.

Ro: No sabía que llegabas hoy…

Dije finalmente, separandome un poco de Joe. Con la mirada severa, le reproche el que no hubiera dicho nada.

Ro: Por qué no me dijiste nada?

Joe: Quería que fuera una sorpresa.

Dijo entre risas y muy orgulloso. Llegué a la conclusión, que no hacía falta reprocharle más nada. Nada importaba. Simplemente el hecho de tenerlo tan cerca me llenaba de una felicidad indescriptible. Me puse en puntitas de pie para estar más cerca de su rostro, el cual tomaba entre mis manos sin intenciones de dejarlo ir. Poco a poco, fui dejando que nuestra atracción innata nos invada y haga lo suyo. Cuando casi podía rosar su nariz con la mía, un ruido, parecido a una tos muy fingida, nos interrumpió.

???: Ejeeem…

Como un autoreflejo, me seperé de Joe y miré de donde provenía aquel sonido. Era mi mamá, que se encontraba allí, mirandonos fijamente. Cuando ambos nos dimos cuenta del papelón que estabamos pasando, nuestras mejillas ardieron a causa de la vergüenza.

Mamá: No quiero interrumpirlos. Solo quería saber si habías llegado bien y si hice mal en llamarte?

Joe nos miraba totalmente desconcertado. Claro está, no entendía ni una sola palabra de castellano.

Ro: Es lo mejor que podrías haber hecho.

Dije como una tonta sin poder dejar de sonreir y de mirar a Joe. Él, encerrado en su confunción, habría pensando que lo estaríamos criticando, pero no dijo una sola palabra.

Ro: Como se comunicaron?

Mamá: Señas, el idioma universal. Yo ya lo había visto por fotos, además llegó en una camioneta digna de una estrella de rock.

Ambas reimos mientras mi mamá explicaba su gran hazaña al momento de entenderse mutuamente. Él, por su lado, no entendía nada de Español, y mi mamá, nunca en su vida había hablado inglés.

Mamá: Pero bueno, los dejo solos que seguro tienen mucho que hablar. Puede quedarse hasta cuando guste. Buenas noches.

Dijo mi mamá haciendo una seña a Joe con la mano.

Joe: Chau.

Dijo en un rustico español improvisado. Cuando ya nos hallamos solos, volví a acercarme a él, sin pensar separarme mientras pudiera.

Ro: En donde estábamos?

Joe: Creo que ya sé.

Dijo con una voz seductora que hizo que se me helara la sangre. Me tomó por la cintura con sus fuertes y esculturales brazos, al momento que atraía nuestros cuerpos hasta el punto límite donde no se pudo más. Nuestras bocas rogaban encontrarse, pero él se hacía rogar. Unos segundos antes de que se consumara el beso, decidió jugar con su nariz en mi rostro. Recorriendo, haciendome desear su boca cada segundo un poco más y más. Tenía que dejar de jugar así con mi cuerpo. Arta de esperar y como una necesidad vital para mi vida, detuve su jugueteo con mis manos e hice que su boca se posara justo sobre la mía en el beso de reencuentro más placentero que dí jamás. Se prolongó solo algunos instante, pero sentí que se me iba el alma y que su lugar lo llenaba todo su ser. Cuando nos separamos lo suficiente como para poder tomar una bocanada de aire, aprovecha para desahogarme.

Ro: Te extrañé tanto…

Joe: Y yo a vos. No entendés que moría por venir a verte?

Dijo en susurros e hizo que se me ponga toda la piel de gallina. Intenté cambiar de tema, no porque no me gustara que me dijera todas aquellas cosas, sino porque me resultaba un tanto incomodo.

Ro: Querés algo para tomar? Hago unos cafecitos o no sé…

Joe: Un café estaría bien.

Ro: Bueno, sentate. Sentite como en tu casa mientras yo los preparo.

Al momento, Joe tomó asiento y yo me dirigí a la cocina. Mientras realizaba mi labor, podía ver como Joe miraba para todos lados. Por lo visto esa alma de curioso, no se le había ido. Cerca de unos cinco minutos más tarde, volví a la mesa con lo que había ido a preparar.

Ro: Pero… las entradas dicen que es la semana que viene el recital…

Joe: Sí, lo sé. Pero teníamos esta semana libre y con mis hermanos decidimos venir antes. Igual nadie sabe nada. Osea, la prensa.

Ro: Ahhhh, entiendo.

Dije al momento que daba un sorbo de café y hacía una mueca al quemarme la lengua. Joe simplemente sonrió.

Joe: Pero eso no quita que no podamos salir.

Ro: Tenemos que arreglar algo. Sin exponerlos claro está…

Por alguna razón, sentía que Joe no prestaba atención a mis palabras. Y sin embargo, clavaba su mirada en mí.

Ro: Pasa algo?

Joe: Es que no puedo entender como con cosas tan simples me podés hacer tan feliz.

Él sonreía tímidamente y no me quitaba los ojos de ensima. Sin decir nada y sin pararme de la silla, me acerqué cada vez más a su rostro. Una vez más, su aroma me llenaba los pulmones y un flash de recuerdos invadía mi mente. Apollé mis labios sobre los suyos, cerré los ojos y me dejé llevar. Recordé fugazmente, todas las cosas que habíamos vivido en tan poco tiempo y todavía no entendía la ironía de la vida. Como él estaba allí, en mi modesta morada, mirándome, besándome, amándome.

No hay comentarios:

Publicar un comentario