Cuenta Ro:
Aquella tarde antes de salir, había imaginado que la noche y a ser muy tensa, como consecuencia del “reencuentro” de Nati y Nick. Sin embargo, había que admitir que estabamos pasando un noche magnífica. Si no la hubiera conocido, hubiera dicho que nunca había pasado nada entre ellos dos, a excepción de alguna que otra mirada perdida proveniente de ambos lados. Nati se estaba esmerando en exeso por demostrarle a Nick que estaba bien sin él. Sin embargo, no quería darle más vueltas al asunto. Si ella creía que era lo mejor, con el simple hecho de estar todos juntos y bien me bastaba. Luego de un largo rato de estar jugando, terminamos la primer partida. Ganó el equipo de Kevin y Nati, y éste fue el pie para que Kevin no dejara ni un minuto de refregarle en la cara el triunfo a Joe.
Joe: Fue suerte!
Kevin: Juguemos otro y te demuestro que te vuelvo a ganar.
Dijo Kevin muy seguro de sí mismo y con una sonrisa burlona en el rotro.
Joe: Voy a ir a pagar otra vuelta. De paso quieren algo para tomar?
Nick y Nati (al unísono): Yo quiero un red-bull.
Luego de escuchar esto, todos nos quedamos estáticos y en silencio. Ellos se miraron por un instante, y como un autoreflejo miraron para otro lado. No había duda que seguían teniendo alguna especie de conexión. El que volvió a romper aquel ambiente fue Joe.
Joe: Bueno, dos red-bull, vos Ro que queres?
Ro: Una pepsi.
Kevin: Yo también una pepsi.
Joe: Bueno, en un rato vuelvo. Me queres acompañar?
Dijo Joe mirándome dulcemente a los ojos. Moría por estar un rato a solas con él, pero sabía Nati podía llegar a morirse entre ellos dos. La miré por un instante pero ella no me dijo nada. Me acerqué y le hablé en un susurro.
Ro: Te podés quedar con ellos un ratito?
Casi estaba rogando.
Nati: Anda con Joe. Dale. Antes de que me arrepienta.
Sonreí ampliamente y desaparecimos junto a Joe. Llegamos al mostrador y esperamos pacientes en la fila.
Joe: Terrible Nati eh! No pensé que iba a estar tan… entusiasmada de venir.
Ro: Sí, yo tampoco. Pensé que iba a ser la más apagada y sin embargo…
Joe (continuando mi oración): El más apagado es Nick.
Miré, con un poco de dificultad a causa de la cantidad de gente que había, hacia donde estaban los chicos. Nick estaba sentado en la punta opuesta a donde Nati y Kevin hablaban animadamente. Era tan irónico pensar que apenas un mes la situación era exactamente la opuesta.
Joe: Me cobras una linea más?
Dijo Joe dirigiéndose al hombre detras del mostrador. Seguido de estos nos dirigimos al bar a buscar todas las bebidas. Mientras hacíamos otra cola, Joe me agarró por la cintura y me mantenía cerca de su cuerpo mietras hablábamos.
Joe: La estas pasando bien?
Ro: De lo mejor. No puedo creer como en tan poco tiempo…
Joe (completando mi oración una vez más): Llegué a necesitarte tanto.
Sin darnos cuentas nos habíamos estado acercando el uno al otro mientras hablábamos. De repente y sin previo aviso, apolló sus labios sobre los míos y antes de que pudiera decir nada se separó e hizo su pedido. Con todas las latitas en nuestras manos, nos dirigimos de vuelta a nuestra linea de bowling. Desde ese momento y durante toda la noche, una sonrisa se dibujo en mi rostro para no borrarse por nada.
Cuenta Nati:
Antes de lo pensado, Joe y Ro habían desaparecido. Nick por su parte, hacía de cuenta que nosotros no existíamos y lo prefería de aquella forma. Había tomado su celular y se entretuvo con él mientras yo hablaba con Kevin. Lo había convencido de que no se quedara parado y lo invité a sentarse a mi lado. Yo había elegido darle la espalda a Nick, pero noté que Kevin no lo dejaba de mirar por un segundo por sobre mi hombro con una expresión dura en el rostro. Hacía ya largo rato que me había dado cuenta que nada bueno pasaba entre ellos.
Nati: Qué pasó entre ustedes dos?
De un momento a otro Kevin quitó la mirada de su hermano y la posó en mí. Sus miradas tan profundas me incomodaban un poco.
Kevin: A qué te referís? Qué pasó con qué?
Nati: Vamos Kev, no soy tonta.
Kevin: Bueno es que…
Noté como buscaba una excusa o una mentira para decirme. Antes de que lo hiciera, lo interrumpí.
Nati: Quiero la verdad. Decime que no se pelearon por mí.
Kevin: Bueno…yo…él… te trató muy mal Nati! No podía evitar decirle algo. Es un…
Nati (interrumpiendo nuevamente): Kevin, no podés pelearte con tu hermano por eso. Y menos dejar de hablarle. Y muchísimo menos por mi culpa.
Kevin: Me parece que ya soy grande como para elegir porque pelearme o que no.
Nati: Serás todo la grande que quieras pero no deja de ser una estupidez.
Abrió la boca para quejarse nuevamente de lo que yo había dicho pero yo seguí con mi discurso.
Nati: Y no me digas que no es una estupidez porque lo es. Así que ahora voy a ir al baño y vos vas a aprovechar a hablar con Nick, está bien?
Kevin: Pero…
Nati (haciendo de cuenta que no lo escuché): VOY A APROVECHAR HASTA QUE LOS CHICOS VUELVAN Y VOY A IR AL BAÑO KEVIN. EN UN RATO VUELVO.
Dije en un tono excesivamente alto para que Nick me escuchara con claridad. Me levanté y desaparecí de la vista en un abrir y cerrar de ojos. Me costó un poco encontrar el baño, había demaciadas personas. Viéndome un poco perdida en aquel gran lugar, pedí indicaciones. Finalmente, tomé un pequeño pasillo no muy lejos de donde estaba y llegué, y a diferencia de lo que cualquiera pudiera pensar de un baño de mujeres, estaba vacío. Me miré en el espejo y deje de sonreir por primera vez en toda la noche. Ese rostro era el que realmente reflejaba mis sentimientos. Todo eso de fingir toda la noche me estaba cansando. Me lavé la cara y me dí fuerzas nuevamente. Lo estaba haciendo muy bien, solo tenía que aguantar así un poco más. Tomé mi cartera y busqué un poco de maquillaje. Tener la cara libre de él no le favorecía a mi rostro. Ya estaba lista para volver y seguir como si nada. Seguir como si verlo no me moviera el piso. Seguir como si nada de lo vivido junto a él me importase. Simplemente, seguir. Encerrada en mis pensamientos salí del tocador con la vista clavada en mis pies, cuando una pared de carne y hueso se interpuso en mi camino. Mi cabeza, cual resorte, se elevó y ví entonces quien me estaba interrumpiendo el paso. Sin decir nada, me dispuse a seguir mi camino, pero aquella persona no me lo permitió. Lo único que hice fue juntar fuerzas y mirarlo duramente a los ojos. “QUÉ QUERÉS?” Gritaba mi inconsciente en el interior de mi cabeza, pero no, las palabras no salieron.

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