martes, 24 de febrero de 2009

Capítulo 138

Cuenta Ro:

La mañana siguiente, se me hizo eterna. Claro estaba, miraba el reloj a cada minuto, totalmente decepcionada de lo lento que pasaba el tiempo. Aquel día, el centro de todas nuestras conversaciones era nuestra cena con ellos.

Nati: Nos juntamos en mi casa. Los chicos van a venir a eso de las ocho, ustedes si quieren vengan antes.

Romi: ¿Pero cómo vamos vestidas?

Nati: Romii, vamos a comer unas pizzas en mi casa. Nada importante.

Caro: Si! Pero con los Jonas Brothers!

Gritó super entusiasmada.

Nati: No grites!

Dijo al momento que los que se encontraban a nuestro alrededor en el patio del colegio se le quedaban mirando como si estuviera loca.

Ro: Acá gritá todo lo que quieras. Después cuando estemos con ellos nada de ponerse histerica.

Nati: Actúen como si fueran chicos normales. No nos hagan pasar vergüenza.

Dijo Nati finalmente, un poco asustada de lo que pudieran llegar a hacer o decir. Ellas lo dieron por hecho y dejamos el tema de aquella noche para otro momento. El resto de la mañana intentamos evadir el tema, aunque por momentos algun que otro comentario se filtraba.

Profesor: Entonces el Sistema Endócrino…

Por momentos me era casi imposible seguir las clases. Me quedaba sentada, mirando como movían los labios pero sin escuchar una sola palabra de lo que decían. Finalmente, en alguna de aquellas desconecciones mentales que tenía, el timbre de fin de clases me tomó totalmente desprevenida. Miré el reloj con rápidez mientras todos guardaban sus cosas, desesperados por desaparecer de aquel curso. Efectivamente, era la hora de irnos. Guardé todo como pude, y empecé a caminar camino a la puerta junto a mis amigas. Esta vez, cuando salimos no vimos ninguna camioneta en la puerta que esperara por nosotras.

Cuenta Nati:

Nati: No se habrán olvidado, ¿no?

Dije, sin pensar muy bien lo que estaba diciendo, un poco asustada. Luego de expresarlo con palabras, me di cuenta que no tenía sentido, ellos nunca habían olvidado nada.

Ro: ¿Cómo se van a olvidar, Nati? Por ahí se retrasaron un poco, pensá que deben tener mil cosas para hacer.

Dijo Ro, y me terminé de dar cuenta que no tenía sentido lo que había pensado en primer lugar. Finalmente, algunos minutos luego de nuestra salida, ya muy poca gente quedaba en la puerta del colegio, pudimos ver como la enorme camioneta que ya conocíamos daba vuelta a la esquina a toda velocidad y frenaba abruptamente frente nuestro.

Ro: Viste, que no se habían olvidado.

Dijo ella, y yo suspiré por dentro. Antes de tocar la puerta corrediza, esta se abrió dejándonos el paso para entrar en el vehículo. Una vez más, como si los lugares hubiesen estado previamente distribuidos, Joe y Nick o cupaban la segundo fila de asientos y Kevin, la tercera. Pasé y me senté directamente, en el asiento del fondo junto al mayor de los hermanos.

Kevin: Perdón por llegar tarde. Pero salimos con el tiempo medio justo, y nos perdimos.

Ro: ¿Cómo que se perdieron?

Dijo Ro, un tanto sobresaltada, y en su tono de voz se notaba la preocupación.

Joe: Sí, nos pasamos de la salida de la autopista, nada grave.

Dijo él mirándola tiernamente al los ojos y jugando con uno de sus pechones de cabello.

Nati: Por un momento pensé que no iban a venir.

Dije sin ningun destinatario en particular. Sin embargo, él que contesto a aquel comentario fue el que menos hubiera esperado.

Nick: Nunca faltaríamos a una cita.

Dijo él dándose vuelta y sonriéndome. No pude evitar responder a su sonrisa, simplemente me fue imposible no hacerlo.

Kevin: ¿A dónde vamos hoy entonces?

Preguntó él, en un tono un tanto cortante. Por lo visto las cosas entre ellos dos no habían mejorado demaciado.

Nati: ¿No ibamos a pasar la tarde por el centro?

Kevin: Sí, claro.

Dijo él, y comenzamos nuestro camino. Por suerte, a aquellas horas del mediodía no había mucho transito por las calles y no nos costó demaciado llegar a nuestro destino. Comimos en un lugar bastante lujoso sobre la calle 9 de julio.

Ro: ¿Sabían que esta es la calla más ancha del mundo?

Dijo ella mientras terminábamos de comer.

Joe: Mirá vos que interesante.

Dijo él, y ninguno de los cuatro supo con claridad si lo decía en serio o sarcásticamente. Ro no pudo evitar fusilarlo con la mirada.

Joe: Te estoy diciendo en serio!

Dijo Joe al momento que acercaba su rostro al de ella para recibir un beso. Claro está, ella no pudo resistirse a aquella imagen. Terminamos de comer y decidimos no llamar a los guardaespaldas, simplemente salir a caminar y disfrutar de la hermosa tarde que nos había tocado en suerte. Pasaron algunas cuadras, y llegamos finalmente al Obelisco, uno de los monumentos más importantes de la ciudad, por no decir el más importante.

Nick: Se parece al de al de Washington.

Acotó él. Tenía razón, era casi igual. Pasamos algunos minutos allí, sacándonos fotos para guardar el recuerdo.

Kevin: ¿Y qué hay por allá?

Dijo Kevin, refiriéndose a la calle que cortaba perpendicularmente la 9 de julio.

Nati: Es la calle Corrientes. Es más que nada importante por sus teatros.

Joe: ¿Y qué obras hay? Así, que sean entretenidas.

Ro: Las adolescentes mueren por “Casi Angeles”. Empezó como una novela y ahora ya hace hasta funciones de teatro.

Dijo ella, al momento que notaba las caras de incertidumbre de los tres hermanos al no entender de que hablaba.

Nati: Hasta tienen una banda, los “Teen Angels”.

Acoté.

Kevin: ¿Teen Angels? Me suena. En algun lugar lo escuché.

Ro: Que raro, no son muy conocidos en su país.

Kevin: Si, no sé. Me debo a ver equivocado.

Joe: Bueno, ¿ qué les parece si vamos a tomar un helado?

Dijo Joe, cambiando totalmente de tema. Todos lo miramos y notamos como un brillo especial cristalizaba sus ojos al momento que encontró con la miradaun Mc Donalls.

Ro: Siempre pensando en comida vos, ¡eh!

Nati: Dale, vamos. Yo también tengo ganas de un helado.

Entramos en el local, y cado uno podió lo que quería. Decidimos sentarnos y disfrutar del helado tranquilos, descansando un poco de nuestra caminata.

Nick: ¿Hoy vamos a las 8 a tu casa, Nati?

Me sentía una completa estupida al sentir escalofríos cada vez que él me hablaba, o siquiera se detenía a mirarme.

Nati: Emm… si a las 8… si.

Dije, intentando ocultar mi nerviosismo, aunque hizo que se hiciera más notorio.

Kevin: ¿Cómo tenemos que ir vestidos?

Nati: Nada especial, vamos a comer una pizzas en mi casa.

Aquella conversación ya la había tenido antes, aunque no especialmente con ellos.

Joe: No puedo esperar a conocer a sus amigas. Escuchamos tanto de ellas.

Kevin: Además si son sus amigas, deben ser excelentes personas.

Agregó Kevin al momento que pasaba la cucharita por su helado de dulce de leche. Era normal, que nuestras amigas estuvieran ansiosas de conocerlos. Las razones eran obvias. Pero no podía entender el entusiasmo de ellos por conocer a nuestras amigas. Esos pequeños detalles, hacía que cada vez los quisiera más, que me hiciera olvidar por momentos que estaba con tres de los adolescentes más famosos a nivel mundial e imaginar, sin irme demaciado lejos de la ralidad, que eramos cinco simples amigos disfrutando de un helado.

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