Cuenta Ro:
El corazón se me había detenido por un momento al escuchar que el remitente de la llamada era nada más ni nada menos que Charles, el papá de Mandy. Mantuve silencio, escuchando atentamente a cada palabra que decía Joe.
Joe: Hola... sí, te estuve buscando. No me atendías el teléfono… me parece que sabés muy bien de lo que te quiero hablar… no tengo tiempo, hablémoslo ahora…no puedo enteder como hiciste algo asi!
Joe se estaba alterando y no lo culpaba. El odio estaba brotando, una vez más, en mí.
Joe: No tenés excusa… y pensas que esa es la forma correcta?... bueno, después hablamos personalmente… chau.
Tras un ruido seco, Joe cortó el teléfono. Me quede mirándolo unos segundos, esperando que por sus propios medios comenzara a contar que habló. Por lo visto no iba a hacerlo, así que decidí preguntar.
Ro: Qué te dijo?
Joe: Bueno, me dijo que la veía muy mal a Mandy y que daría todo por su hija y que se equivocó y un montón de cosas más. No puedo entender como pudo llegar a hacer algo así.
Ro: Y vas a volver a hablar con él?
Joe: Supongo… pero tengo que tranquilizarme primero.
Habiendo dicho esto, Joe se dejó caer sobre la cama, apollando su cabeza sobre mis piernas. Inconscientemente, comencé a jugar con su cabello, enrededándolo y desenredándolo entre mis dedos.
Ro: No tenés que dejar que esto te moleste tanto Joe. Ya te lo dije una vez y te lo vuelvo a decir, lo importante es que estamos juntos.
Joe: Pero igual, tengo que dejarle las cosas claras.
No dije más nada. Cuando Joe está encerrado en algo, no hay manera de hacerlo cambiar de parecer. Al notar el silencio que nos estaba envolviendo, Joe estiró su cabeza para verme. Claro, me miraba al revez.
Joe: Pasa algo?
En respuesta, tomé su rostro entre mis manos y le di un dulce beso sobre los labios. La electricidad que sentía todo mi cuerpo al tomar contacto con el suyo era indescriptible. Una vez más, la angustia de la separación me estaba invadiendo.
Ro: No quiero separme…
Joe: No podemos evitarlo. Vamos a tener que aprender a vivir con la distancia, aunque sea por un tiempo.
Ro: Pero cómo? No sé que voy a hacer…
Joe: Sí, vas a saber. Yo te prometo que vamos a encontrar la manera de vernos.
Ro: Pero Joe, ya cuando estabamos en la misma casa no nos podemos ver a veces. Cómo vamos a hacer estando en paises distintos?
Estaba realmente preocupada. Mi cabeza intentaba pensar en la solución a nuestro problema, pero no la hallaba.
Joe: No lo sé…
Dijo sacudiendo la cabeza.
Joe: Pero sé que a su tiempo vamos a encontrar la respuesta.
“Eso espero”, pensé para mis adentros. Un sudor frío me recorrió la espalda, al llegar a la conclusión que estabamos a dos días de nuestro regreso. DOS DÍAS. Dos meses habían pasado tan rápido, que apenas tenía la lucidez sufiente para pensar en ellos. Cosas que no nos habían pasado en toda la vida, se habían sucedido todas seguidas en dos meses. Nuestro viaje estaba llegando a su fin pero la relación con ellos, llegaría a su fin también? De repente, mis pensamientos se vieron interrumpidos por un movimiento brusco de Joe. En menos de un segundo, pasó de una posición horizontal a una vertical y mirándome profundamente a los ojos. Una sonrisa se dibujaba triunfante en su rostro y lo único que lograba era llenarme de dudas.
Ro: De qué me perdí?
Joe: Tengo una idea!
Me quedé mirándolo desorientada. Una idea?
Ro: Qué idea?
Joe: Bueno, estuve pensando que podríamos hacer una salida, con mis hermanos y Nati como despedida. No podemos no hacer nada, tenemos que despidarlas como Dios manda.
Dijo “hermanos”? Plural? Nick?
Ro: Nick también?
Joe me miró directo a los ojos y noté un signo de pregunta en los suyos.
Joe: Te molesta que venga?
Ro (intentado enmendar lo que acababa de decir): No es eso. Es que con todo lo que pasó con Nati y todo…
Joe: Y podría ser una oportunidad para que se amiguen.
Joe me miraba con la ilusión en los ojos. Por momentos era tan idealista.
Ro: No creo que eso pase. No quiero que le haga mal a Nati verlo.
Joe: Pero entendeme, tampoco puedo dejar de invitarlo, es mi hermano.
Ro: Bueno esta bien, pero si le digo a Nati no va a aceptar…
Joe: Y no le digas…
Una mirada complice se generó entre nosotros.
Ro: Querés que le mienta?
Joe: Ocual ciertos detalles no es mentir.
Me quedé en silencio un instante, pensando muy bien que hacer. De un momento para el otro y haciendo que no pudiera pensar más en lo que estaba pensando, Joe acarició mi mejilla suavemente.
Joe: No te procupes. Todo va a salir bien.
La verdad es que me ponía en el lugar de Nati, y a mí me hubiese gustado que me digan como eran las cosas.
Ro: No sé si va a ser lo mejor.
Joe: Bueno, yo le tengo que decir a Nick, ponete en mi lugar.
Ro: Bueno, decile…
Dije resignada.
Ro: Pero yo le voy a decir a Nati que va él y que ella elija.
Joe: Como vos quieras.
Tomó una vez más mi rostro con sus cálidas manos y la acercó hasta que nuestros labios chocaron uno con el otro. Cuando nos separamos, decidimos no hablar más del tema Nick/Naty, ni Charles, ni nada que pudiera perturbarnos. Simplemente, nos acostamos cómodamente en la cama. Realmente teníamos que estar pegados para no caernos. Mientras él me aferraba cerca de su cuerpo, yo descansaba mi cabeza sobre su hombro y lo abrazaba delicadamente. Prendimos la tele y nos distrajimos un poco hasta la hora de la cena. Él jugaba con mis rulos y hacía que unas cosquillas se arremolinaran en mi estómago. Luchaba fuertemente contra mi naturaleza para no quedarme tildada bajo aquella magia letal que ejercía sobre mi persona.

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