Cuenta Nati:
Le pagué al taxista y salí del auto. Lentamente me acerqué a la puerta mientras buscaba las llaves en la cartera. Finalmente las encontré, en el fondo, y entré sin hacer ningun ruído. Subí las escaleras deteniendome en cada escalón, realmente estaba exhausta. Cuando estaba por abrir la puerta de mi cuarto, ésta se abrió antes de que pudiera siquiera tocar el picaporte. Me encontré entonces, con mi primo. Qué era lo que había en sus ojos? Lágrimas?
Nati: Qué pasó?
Mi primo pasó por mi lado, como si no me hubiera escuchado. Estaba segura que lo había hecho. Dí un vistazo rápido a la habitación y dije, antes de que Mike desapareciera:
Nati: Donde está Ro?
Se dio vuelta y me fusiló con la mirada.
Mike: Preguntale a tu amiguito Joe…
Dijo irónicamente al momento que desaparecía tras la puerta de su cuarto. Realmente no entendía nada. Era el peor momento para usar mi cabeza, ésta no respondía con lucidez. Entré en el cuarto y al instante marqué el número Ro. Claro, cuando uno más necesitaba que ella respondiera, no lo hacía. Sin siquiera escuchar un tono, ya aparecía el contestador. Tenía el celular apagado. Como segunda opción decidí llamar a Joe, al fin y al cabo, Mike había dicho que estaba con él.
Joe: Hola Nati, pasó algo?
Nati: Joe, Ro está con vos?
Estaba empezando a preocuparme. Ya de por sí, estaba bastante sensible. Por el simple hecho de pensar que algo le podría haber pasado a Ro, mi voz se entrecortaba.
Joe: No, por qué? Que pasó? No me asustes…
No era mi intención, pero realmente estaba muy asustada yo.
Nati: No sé Joe. Ro desapareció. Llegué y Mike estaba con una cara terrible en mi cuarto y…
Mis ojos entonces se posaron en la cama de Ro. Las tarjetas que le había regalado Joe se encontraban esparcidas sobre la cama. Se me paró el corazón.
Joe: Y…?
Nati: Joe, por favor podes venir…
Mi voz se notaba alterada. Las lágrimas empezaron a salir, éste no era el momento en que me encontraba más fuerza.
Joe: QUÉ PASÓ NATI?
Nati: Joe, Ro se peleó con Mike y no la encuentró por ningún lado. Por favor, vaní estoy muy asustada.
Joe: Quedate tranquila, ya voy para allá.
Me senté en la cama e intenté pensar donde podía estar. En vano, volví a llamarla. Como lo había pensado, no respondió. Sentí que pasó una eternidad hasta que Joe llegó. Por suerte no tocó el timbre, sino que me llamo al celular. Si Mike se enteraba que él estaba abajo, podíamos llegar a tener muchos más problemas. Me limpié las lágrimas y bajé rápidamente. Abrí la puerta y Joe entró casi sin pedir permiso.
Joe: Que pasó?
Dijo un tanto apuradó.
Nati: Shhh! Bajá la voz. Creo que se peleó con Mike y desapareció.
Joe: Pero que le dijo ese idiota de tu primo que hizo que fuera así?
Nati: No lo sé, pero le puede pasar cualquier cosa allá afuera…
Joe: Pero en donde puede estar?
Nati: No sé. Si yo fuera Ro y quisiera estar mejor, que haría?
Dije pensando en voz alta. Nuevamente, la cabeza no me respondía. Eran demaciadas emociones para un solo día.
Joe: EXACTO!
Lo miré llena de incertidumbre. No entendía nada. Sin decir más nada, salió de la casa. Corrí tras él hasta el auto.
Nati: A donde vas?
Joe: Creo que ya sé donde puede estar. Vos quedate aca por si vuelve. Cualquier cosa llamame al celular.
Dijo mientras se subía al auto. Cuando terminó de decir todo aquello, pisó el acelerador y en menos de dos segundos, desapareció de la vista.
Cuenta Ro:
Casi sin darme cuenta había llegado al parque que tanto me calmaba. No lo había hecho apropósito, quizas solo había sido una jugada de mi inconsciente. Ya sin fuerzas, me desplomé en uno de los bancos. Si bien estaba totalmente oscuro y desierto, no se comparaba al sentimiento de vacio que sentia en el pecho. Seguí llorando, pensando que en algun momento me iba a quedar sin lágrimas. Mi cabeza estaba por explotar. No podía concebir como me había dicho tantas cosas. Cosas tan horribles, tan alejadas de la realidad. Yo, que siempre había querido lo mejor para él, que nunca había querido lastimarlo. Realmente lo que más me dolió fue el haberme dado cuenta lo tan poco hombre que era, haberme dado cuenta que no valía la pena. Y sin embargo, me encontraba allí, devastada, destruida y sola. Sola, yo y mi dolor. No supe cuanto tiempo me estuve allí. Podrían haber pasado horas, o unos simplemes minutos. No le daba importancia, no quería volver a aquella casa. De repente, escuche el ruido de un auto detenerse detrás de mí. Estaba tan ensimismada en mis pensamientos, que casi ni lo escuché. Cuando me puse a prestar más atención, escuche como se apaga el motor y alguien bajaba de él. No me moví de mi sitio. En ese momento, podrían secuestrarme o matarme, que me hubieran hecho un favor. Miré, casi al instante, como la figura de una persona se aparecía detrás de mí y se sentaba a mi lado. No me hizo falta mirarlo, sabía muy bien quien era.
Joe: Nos tenías muy preocupados, sabías?
No respondí, no tenía fuerzas para emitir palabras. El silencio solo era interrumpido por mis sollosos. No encontraba la forma de detenerlos. Flexioné las piernas y las puse sobre el banco. Seguido de esto, escondí mi rostro, como sí me hiciera desaparecer de allí. Casi al instante, Joe me abrazó y ahí fue cuando me di cuenta cuanto lo necesitaba. Como un autoreflejo, me aferré a él con fuerza, llorando aún con más fuerzas que antes.
Joe: Sh, sh... no llores más, no vale la pena.
Ro: Lo sé, pero no puedo evitarlo.
Unos minutos más tarde, ya me encontraba más calmada. No sabía que era lo que él tenía, pero su simple presencia me había bien. No podía ni imaginar que hubiera sido de mí, si él no huebiera llegado.

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